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domingo, 29 de mayo de 2011

"Era la única forma de deshacerse de él"





"Era la única forma de deshacerse de él"

Tim Mansel
BBC, República Dominicana

Rafael Leonidas Trujillo gobernó la República Dominicana con mano de hierro durante casi 30 años antes de ser asesinado en una oscura carretera el 30 de mayo de 1961.

Uno de los hombres que le dispararon esa fatídica noche conversó con la BBC.

Antonio Imbert tiene 90 años. Es un hombre corpulento con el pelo muy corto y se puso su uniforme militar para recibirme.

Imbert es oficialmente un héroe nacional porque hace 50 años fue uno de los hombres que emboscó y mató al dominicano.

Su esposa, Giralda, lo lleva a la sala y él se dirigió lentamente hacia una pequeña silla mecedora. Giralda le enciedió un cigarrillo y él me preguntó: "¿Qué quieres saber?".

Era tarde en la noche cuando Trujillo fue asesinado en un tiroteo en la carretera que conduce de la capital, llamada entonces Ciudad Trujillo, a San Cristóbal, donde el ex líder militar tenía una joven amante.

"Le disparé de nuevo"


El drama lo aborda el escritor peruano ganador del Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa en su novela "La Fiesta del Chivo", que fue publicada en el año 2000.

Imbert y otros tres conspiradores estaban esperando en su automóvil a que pasara el Chevrolet con chofer en el que viajaba Trujillo. Dos vehículos con otros tres hombres armados estaban apostados más arriba en la carretera.

A los 90 años, la memoria de Imbert no es lo que era. Pero sí se acuerda de haber perseguido el automóvil de Trujillo y también recuerda los primeros disparos.

La memoria de Imbert también retiene el momento en el que chofer de Trujillo redujo la velocidad y su decisión de, con su vehículo, atravesársele para bloquear el camino de Trujillo.

"Luego comenzamos a disparar", dice.

Trujillo y su chofer se defendieron. Imbert narra cómo eventualmente él y uno de los otros se bajaron del coche para acercarse a su objetivo.

"Trujillo estaba herido, pero todavía podía caminar, así que le disparé de nuevo", añade.

El gobernante, conocido simplemente como "El Jefe", quedó tendido muerto sobre la carretera. "Luego lo pusimos en el coche y se lo llevaron", indica Imbert.

Nadie me mandó a matarlo


Cincuenta años más tarde me pregunto si Imbert todavía se enorgullece de haberle disparado.
"Claro", responde. "Nadie me dijo que fuera a matar a Trujillo. La única manera de deshacerse de él era matarlo", asegura.

El general Imbert -se le dio ese rango militar más tarde para que pudiera recibir una pensión del Estado- no es el único en sacar esta conclusión.

"Si yo fuera dominicano, que gracias a Dios no lo soy, estaría en favor de la destrucción de Trujillo como el primer paso necesario para la salvación de mi país y, de hecho, lo consideraría como mi deber cristiano", escribió Henry Dearborn -el jefe de facto de la oficina de la CIA en República Dominicana- en una carta a sus superiores del Departamento de Estado en octubre de 1960.

"Si recuerdan a Drácula, recordarán que era necesario clavar una estaca en su corazón para evitar la continuación de sus crímenes. Creo que la muerte súbita sería más humana que la solución del Nuncio, que una vez me dijo que pensaba que debía rezar para que Trujillo tuviera una enfermedad larga y persistente", añadió.

"La Guerra Fría en el Caribe"


Rafael Leonidas Trujillo había tomado el poder en 1930. Se trataba de un poder absoluto que no admitía oposición. Los que se atrevieron a oponerse fueron encarcelados, torturados y asesinados. A menudo, sus cuerpos desaparecían y se decía que eran utilizados para alimentar a los tiburones.

"Tengo que comparar su régimen con el de Stalin o con el actual gobierno en Corea del Norte", señala el historiador dominicano y ex embajador en Washington, Bernardo Vega.

En 1937, Trujillo ordenó la masacre de varios miles de haitianos en un intento por realizar una "limpieza étnica" y luego a regañadientes pagó una indemnización.

Además, cambió el nombre de la capital a Ciudad Trujillo, así como el de la montaña más alta del país, a la cual denominó Pico Trujillo. Coleccionó medallas y títulos, expropió propiedades y negocios para sí mismo y su familia.

Durante esa época, mantuvo relaciones cordiales con Estados Unidos. Una fotografía tomada en 1955 lo muestra sonriente con el entonces vicepresidente de EE.UU., Richard Nixon.

Sin embargo, la relación se agrió y, en 1960, Estados Unidos cerró su embajada y retiró a su embajador. La gota que colmó el vaso había sido un intento de asesinato patrocinado por Trujillo contra el presidente de Venezuela, Rómulo Betancourt.

El presidente Dwight Eisenhower ya había aprobado un plan de contingencia para eliminar a Trujillo si un sucesor adecuado podía ser inducido a tomar el relevo.

En ese caso, el único material de apoyo proporcionado por EE.UU. a los conspiradores eran tres carabinas M1 -que habían quedado en el consulado de EE.UU. tras la retirada del personal de la embajada- que fueron entregadas con la aprobación de la CIA.

Sin apoyo


El nuevo gobierno de Kennedy retiró su apoyo formal al atentado contra la vida de Trujillo en el último minuto.

La fracasada invasión de Cuba en Bahía de Cochinos había tenido lugar sólo tres semanas antes y Kennedy estaba preocupado de que un vacío de poder en la vecina República Dominicana pudiera ser llenado por otro Castro.

"La Guerra Fría se había trasladado al Caribe", explica Bernardo Vega.

El complot para matar a Trujillo fue un desastre. A los pocos días casi todos los involucrados en la conspiración habían sido detenidos, junto con los miembros de sus familias. Fueron encarcelados, torturados y en muchos casos, asesinados.

Pero todos ellos son recordados como héroes. Una placa cerca del lugar donde Trujillo murió conmemora el sacrificio de estos hombres y se refiere a la muerte del ex gobernante militar no como un "asesinato" sino como "ajusticiamiento".

"Nosotros los dominicanos reaccionamos muy negativamente cuando a los que mataron a Trujillo los llaman asesinos", dice Bernardo Vega.

"El ajusticiamiento es una forma de darle un giro positivo, decir que era algo bueno", aclara.

El sombrero y los zapatos


Antonio Imbert le debe su supervivencia a la valentía del cónsul italiano en Santo Domingo, quien le permitió esconderse en su casa durante seis meses.

Él fue el único de los siete hombres que, tras participar en el tiroteo, sobrevivió el año 1961. Dos de ellos murieron tras resistirse a ser detenidos.

A los otros cuatro los sacaron de la cárcel y les dispararon en un acto de venganza personal ordenado por Ramfis, el hijo mayor de Rafael Leonidas Trujillo.

Antonio Imbert aún conserva una de las carabinas M1 estadounidenses, pero no me permite verla. "Ese tipo de cosas no se muestran", agrega.

Pero sí me deja ver el sombrero que utilizó para disfrazarse en los agitados días después del ataque, mientras caminaba por las calles de la capital en busca de refugio.

Imbert cuenta una historia de cómo tomó un autobús público y el chofer lo reconoció, pero no aceptó que pagara nada por respeto a lo que había hecho.

Su esposa trae el par de zapatos marrones que calzaba la noche que Imbert le disparó a Trujillo.
Son sorprendentemente pequeños- talla 37 y medio- y visiblemente desgastados. "Nunca han sido reparados", me confiesa su esposa.

"Él se los pone cada 30 de mayo y, a veces, los lleva durante varios días", concluye.



 

jueves, 7 de octubre de 2010

Vargas Llosa, Nobel de Literatura 2010...



Prendo la tele y lo primero que veo en CNN es que está, en vivo, dando una conferencia a varios medios, Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura...

Pues enhorabuena, más allá de las ideologías políticas. Siempre es bueno que se reconozca la grandeza de aquellos que trascienden, y que mejor si va de la mano de la literatura...

sábado, 21 de noviembre de 2009

Libros Leídos XIXX: La Fiesta del Chivo








Pocos libros en la vida dejan un sabor de verdadera gloria... no sólo por su perfección literaria, que a veces es lo de menos en Literatura. Nos dejan una enseñanza... nos mueven una fibra delicada en nuestro ser... un conocimiento para toda la vida, y no el raquítico placebo de que "leo porque está de moda", tipo novelas de jovencitos vampiro o de magos gays con lentes ídem.

La literatura latinoamericana está empapada de política. Muchos autores americanos no solamente reflejan sus puntos de vista políticos en las letras: sino de forma activa. Cortázar. Neruda. Gabo. Verdaderos militantes. Algunos hasta ocupando altos cargos en los gobiernos de sus respectivos países. Quizá el único que no se mete en política, de los grandes, es Borges. Para él la literarura debería ser pura, ajena de pugnas ideológicas.

Y de esos literatos políticos, rara vez sobresale uno de derecha. Se dice, en forma de chiste, que la izquierda no tiene verdaderos intelectuales. En México, sin ir más lejos, el único realmente visible es Lucas Alamán. Casi todos son de tendencias de izquierda. Y reitero: los grandes. Porque un Krauze, un Camín, un Sarminento, un Catón, son bastante enclenques.

En un contexto más amplio que nuestro ranchito mexicano. Vargas Llosa no es muy querido por los izquierdosos, por sus críticas a Fidel, su enemistad con el Gabo, y su cercanía a personajes tan macabros como Aznar. Que Vargas Llosa chingue a su madre. Él y sus críticas a pro-hombres como Chávez o Evo.

Y bueno, pese a ello, a que mi colombiano nobel de literatura (dixit Fox) claramente está lejano de mi línea de pensamiento, yo tenía ganas de leerlo. Y muchas. Por que hay que saber diferencias, entre buena literatura, y panfletos, como los que siempre escriben los enclenques mencionados.

¿Cómo empezar la aproximación? ¿Qué libro es el adecuado para la iniciación? Con Gabo era fácil: Cien años de Soledad. Con Isabel Allende, La Casa de los espíritus. Con Cortázar, Rayuela. No había dudas. ¿Y con Vargas Llosa? ¿Conversación en La Catedral acaso? ¿La ciudad y los perros? ¿La casa verde?

Opté por una más reciente, pero que abordaba un tema acaecido décadas antes de que siquiera mis padres se conocieran: La Fiesta del Chivo, sobre La Era, la dictadura de Trujillo, una de las más pavorosas entre esa maratónica colección de dictaduras auspiciadas, toleradas, financiadas y bendecidas por el tío Sam para combatir al comunismo impío durante buena parte del siglo XX.

Algo sabía de la dictadura del Chivo, pero no tanto como las de Pinochet, Videla, Somosa... lo mío era más continental. Lo caribeño poco llamaba mi atención. Imbécil mil veces.

Empecé a leer el libro el lunes, y terminé hace pocos minutos, maravillado por un lado, horrorizado por el otro, y con más inquietudes que certezas, más allá de un curso intensivo de historia dominicana, reforzado por mi curiosidad y la bendición de la internerd, que me permitió salir de dudas históricas y geográficas cada que estas me abordaban.

Incluso pasajes desconocidos de mi México fui desenmarañando... Kennedy, Castro, Betancourt... wow... que riqueza histórica fui degustando...

Aprendí mucho, y me quedé con muchas dudas que iré sacieando en los próximos días, profundizando en la historia caribeña, más allá de las barbadas costas de Cuba.

Y bueno, la historia de La Fiesta del chivo nos habla del regreso a la antigua Ciudad Trujillo de Urania Cabral para enfrentarse a sus demonios internos, que la han atormentado por décadas, incluso cuando la Era lleva lustros enterrada. A los 14 años huyó a toda velocidad de la República Dominicana sin despedirse de nadie, no contestando jamás las cartas o los telefonazos. Estudio, se esmeró y llegó a ser una mujer exitosa en la capital del mundo, pero su alma estaría, inexorablemente, atada, unida, ligada, amalgamada con sangre, a la historia no tan reciente, pero tampoco tan lejana para ser olvidada, de su terruño caribeño. ¿Qué la hizo comportarse de esa forma tan ingrata con el pobrecito, inválido y piltrafa de ser humano en que se había convertido su padre, Agustín, el Cerebrito, Cabral, hombre cercano al Jefe que poco antes de la partida de Uranita había caído en desgracia, y buscaba ufanosamente la forma de volver a recuperar la venia del Señor?

Tras esta trama Vargas Llosa nos regala la visión del ocaso de una de las dictaduras más funestas en la historia de nuestro continente, tan lejano de dios pero tan cercano del tío Sam. Los juegos del poder de toda esa escoria humana que encantada de su servilismo y autodenigración ensalsaban al Padre de la Patria Nueva con tal de no caer en desgracia, como le había pasado al Cerebrito Cabral. Personajes macabros que superan en la realidad la ficción de cualquier novelista, como Johny Abbes García, como la vergüenza viviente de Ramfis Trujillo, o el Constitucionalista Beodo... o tan insignificantes en apariencia, como el Pelele, el Fantoche, el Pequeño, el Circunspecto, el Chapelén mandatario de Joaquín Balaguer, que tanto me recordó a Talleyrand en su actuar...

Nos narra también un día común en la vida del benefactor de la patria, el desinteresado y abnegado, por su patria de Rafael Leónidas Trujillo, (LRT, Rectitud Libertad Trabajo) , quien de forma amorosa adquiere el control casi total de la industria dominicada, sólo para que el país crezca, para que nadie ose robar, para tener orden, libertad y progreso... que la gente tenga trabajo y no haya caos en las calles. ¿Cuántos no anhelan el regreso de ese tipo de hombres fuertes hoy en día, con tanta delincuencia, secuestros, violencia en las calles de nuestra amada América Latina? Ok, había libertades restringidas... pero la violencia sólo venía de los disconformes con el sistema, no de cuanto pinche loco se le antojase...

Y si algo nos ha enseñado la historia, es que se puede matar a quien sea... por muy Trujillo que sea... es más, por ser precisamente ese Trujillo que disfrutaba de sus juegos enfermos de poder para vejar al mínimo suspiro a quien se le diera la gana... a ese Trujillo que alimentaba aquel nefasto sistema político, al que hasta Estados Unidos y la Iglesia Católica, usuales aliados de las peores mierdas de la historia universal, ahora le volteaban la espalda. "Ingratos"... el país más combativo del comunismo en América ahora era mal visto por sus antiguos aliados. Puto Kennedy. Puto Juanito XXIII. Puto Betancourt. Y puto Castro.

Con tanto enemigo, externo e interno, era lógico que surgieran conspiraciones para eliminarlo... los motivos sobraban: lavar las afrentas, vengar la sangre derramada, por la patria, por hostigar a la iglesia católica -esa santa!-... sin faltar, claro la restauración de la democracia, la libertad y todas esas pendejadas que siempre enarbola el tío Sam a lo largo de todos los golpes de estado y magnicidios de América Latina. El Chivo estaba sentenciado...

¿Quién organizó ese atentado que cambiaría de forma tan radical la historia de la isla, y del Caribe todo? ¿Cómo la vivieron días, horas y en el instante mismo del golpe? ¿Como acabaron todos esos mártires de la futura democracia de Balaguer, bendecida y protegida por Washington?

Aunque hace mucho de todo eso, y el mundo ya era otro, Urania se enfrentaba a esos fantasmas del pasado. A ese padre que la había destruído de una forma más letal que el mismísimo Chivo, que lloriqueando ante su trémula piel de niña le preguntaba al cielo el porqué de su abandono, no en su lucha contra esos malagradecidos dominicanos, purpurados o yanquis de mierda. Para eso no necesitaba ayuda. Por 31 años los había mantenido a raya. y seguiría haciéndolo por mucho tiempo más, muy a su pesar debido a la escoria de familia que tenía, que jamás continuaría su proyecto redentor del pueblo dominicano. No. Ese abandono en su virilidad, esa maldita enfermedad que lo tenía en zozobra constante. Esa maldita traición de su próstata que amenazaba con humillarlo ante el público de forma constante. Y esa maldita niña flaquita, testiga de todo aquello, era el recuerdo que se llevaría a la tumba, al mismísimo infierno donde, seguramente, competiría con Hitler por el galardón del bigotín más sexy...

Algunas frases del libro...

  • Fue su primera concesión, su primera derrota, en manos de ese maestro manipulador de ingenios, bobos y pendejos, de ese astuto aprovechador de la vanidad, la codicia y la estupidez de los hombres.
  • has tenido suerte de no casarte, de no tener familia -prosiguió Trujillo. Muchas veces habrás creído que es una desgracia no dejar descendencia. ¡Pendejadas! El error de mi vida ha sido mi familia. Mis hermanos, mi propia mujer, mis hijos. ¿Has visto calamidades parecidas? Sin otro horizonte que el trago, los pesos y tirar. ¿Hay uno capaz de continuar mi obra? ¿No es una vergüenza que Ramfis y Radhamés, en estos momentos, en vez de estar aquí, a mi lado, jueguen polo en París?
  • Nada atrae tanto a la carne negra como la blanca.
  • Sean cuales sean las sorpresas que el porvenir nos reserve, podemos hallarnos seguros de que el mundo podrá ver a Trujillo muerto, pero o prófugo como Batista, ni fugitivo como Pérez Jiménez, ni sentado ante las barras de un tribunal como Rojas Pinilla. El estadista dominicano es de otra moral y estirpe.
  • "La eliminación física de la Bestia es bien vista por dios si con ella se libera un pueblo".
  • En la secretaría hay un traidor o un inepto. Espero que sea un traidor, los ineptos son más dañinos.
  • ¿Sabes una cosa, Cerebrito? Yo no hubiera vacilado ni un segundo. No para reconquistar su confianza, no para mostrarle que soy capaz de cualquier sacrificio por él. Simplemente, porque nada me daría más satisfacción, más felicidad, que el Jefe hiciera gozar a una hija mía y gozara con ella. No exagero, Agustín. Trujillo es una de esas anomalías en la historia. Carlomagno, Napoleón, Bolívar: de esa estirpe. Fuerzas de la Naturaleza, instrumentos de dios, hacedores de pueblos. Él es uno de ellos, Cerebrito. Hemos tenido el privilegio de estar a su lado, de verlo actuar, de colaborar con él. Eso no tiene precio... Se me acaba de ocurrir al ver lo linda que se ha puesto -repitió-. El Jefe aprecia la belleza. Si le digo: "Cerebrito quiere ofrecerte, en prueba de cariño y de lealtad, a su linda hija, que es todavía señorita", no la rechazará. Yo lo conozco. Él es un caballero, con un tremendo sentido del honor. Se sentirá tocado en el corazón. Te llamará. te devolverá lo que te han quitado. Uranita tendrá un porvenir seguro. Piensa en ella, Agustín, y sacúdete los prejuicios anticuados. No seas egoísta.
  • Dios mío, hazme esa gracia. Necesito tirarme como es debido, esta noche, a Yolanda Esterel. Para saber que no estoy muerto. Que no estoy viejo. Que puedo seguir reemplazándote en la tarea de sacar adelante este endemoniado país de pendejos. No me importan los curas, los gringos, los conspiradores, los exiliados. Yo me basto para barrer esa mierda. Pero, para tirarme a esa muchacha, necesito tu ayuda. No seas mezquino, no seas avaro. Dámela, dámela.
  • ¿Y en tantos años no has aprendido que el superior responde por sus subordinados? ¿Qué es responsable por las faltas de éstos?
  • La receta de Petronio y del rey Salomón: un coñito fresco para devolver la juventud a un veterano de setenta primaveras.
  • Cuando las miradas se volvieron hacia él, asintió con timidez, como excusándose de verse forzado a intervenir.
  • Él tenía setenta y yo catorce -precisa Urania, por quinta o décima vez-. Lucíamos una pareja muy dispar, subiendo esa escalera con pasamanos de metal y barrotes de madera. De manos, como novios. El abuelo y la nieta, rumbo a la cámara nupcial.
  • Éste era el Generalísimo, el Benefactor de la Patria, el Padre de la Patria Nueva, el Restaurador de la Independencia Financiera. Éste, el Jefe al que papá había servido treinta años con devoción y lealtad, al que había hecho el más delicado presente: su hija de catorce añitos.
El pueblo celebra
con gran entusiasmo
la fiesta del Chivo
el treinta de mayo...


Mataron Al Chivo - Orquesta Santa Cesilia