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viernes, 8 de octubre de 2010

Desmond Tutu, la "conciencia" de Sudáfrica, se retira de la esfera pública


Desmond Tutu, la "conciencia" de Sudáfrica, se retira de la esfera pública


Redacción
BBC Mundo 

Una de las figuras más prominentes de Sudáfrica, Desmond Tutu, se retira de la vida pública este jueves, día de su cumpleaños número 79.

El arzobispo sudafricano había anunciado su retiro en julio para poder pasar más tiempo con su esposa y su familia y poder ver más críquet (juego de pelota y bate popular en regiones de influencia británica).

Ahora, dijo, es hora de dar paso a una nueva generación de líderes de Sudáfrica.

Fue arzobispo de Ciudad del Cabo y elegido por Nelson Mandela para presidir la Comisión de Verdad y Reconciliación, organismo creado en la década de 1990 para investigar los crímenes de la era del apartheid en Sudáfrica y que durante dos años documentó asesinatos, testimonios de torturados y otras atrocidades.

Ganó el premio Nobel de la Paz en 1984.

El hombre descrito como la "conciencia" de Sudáfrica fue una voz importante en su país en la lucha contra el gobierno de minoría blanca, y desde entonces ha sido motor de reconciliación en una serie de conflictos regionales.

Nación del arcoiris


Tutu fue quien acuñó la frase "la nación del arcoiris de Dios" para referirse a Sudáfrica como un crisol de diversas culturas.

La corresponsal de la BBC en Sudáfrica, Karen Allen, señala desde Johannesburgo que el arzobispo Desmond Tutu es un hombre ampliamente considerado como un referente moral en su país, admirado por su integridad y adorado por su risa contagiosa.

Como joven clérigo en la década de 1970, fue un crítico del régimen del apartheid. A mediados de los años 80, todavía bajo dominio de la minoría blanca, hizo campaña en los municipios. En una ocasión, se metió en la primera línea para llamar a la calma cuando una turba intentó linchar a un supuesto policía encubierto.

En tiempos más recientes, estuvo involucrado en la resolución de conflictos y ha continuado provocando algunas controversias al criticar a figuras como el presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, el británico Tony Blair y el gobierno de Israel.

Aunque él insiste en que su salida tiene como objetivo despejar el camino para que florezcan nuevos talentos, sigue siendo un poderoso símbolo del orgullo de Sudáfrica.




lunes, 13 de septiembre de 2010

La bronca de Mandela a Blair por la invasión de Irak



La bronca de Mandela a Blair por la invasión de Irak

Por: Ramón Lobo

Nelson Mandela abroncó a Tony Blair en 2003 a través del ministro para País de Gales, Peter Hain. Se sentía traicionado por la participación británica en la invasión de Irak. "Es un error, un gran error, ¿por qué hace esto después de todo su apoyo a África? Le causará un enorme daño internacionalmente", dijo el líder sudafricano, según revela la biografía escrita por Hain, gran conocedor del país y del personaje pues vivió en Pretoria en su juventud y participó en el movimiento anti-apartheid. Mandela dijo que con el apoyo del primer ministro británico a la invasión y derrocamiento de Sadam Husein había destrozado su prestigio y tirado a la basura los logros como político. El tiempo le dio la razón.

De esperanza y motor del Nuevo Laborismo y de la Tercera Vía, Tony Blair ha pasado con el tiempo a ser un político con problemas para presentar su libro y sin prestigio entre sus antiguos votantes. Salvado por sus amigos, que le mantienen sobre la pasarela, ejerce como portavoz del Cuarteto (UN, EEUU, Rusia y EU), cuyo fin es aplicar una Hoja de Ruta inexistente en un conflicto, el palestino-israelí, que carece de ruta y de negociaciones serias de paz.

En las antípodas de la política llevada a cabo por Blair está Nelson Mandela, símbolo de lo contrario: la importancia de los valores y los principios -por encima del prime time en televisión-, de los gestos (el célebre del partido de rugby en 1995; el segundo vídeo a continuación), de la política honesta sin cálculo electoral ni personal. La historia ha colocado a cada uno es su sitio.

Blair queda retratado en la excelente película The Queen, donde un joven inteligente, brillante, de gran retórica, mejor manejo del escenario y perfecto inglés cae deslumbrado por la grandeza del Palacio de Buckingham y por lo que representa la monarquía británica: el poder de siglos. Ese impacto permite imaginar cómo debió ser el que sufrió en la Casa Blanca, donde reside gran parte del poder actual.

La primera rueda de prensa de Blair tras la muerte de Lady Diana fue una obra maestra del género. En ella pronunció el célebre calificativo de "princesa del pueblo", que había sido previamente cocinado (inventado en el despacho con papel y lápiz) por su jefe de comunicación, el no menos brillante Alastair Campbell. Esa puesta en escena, como su maravillosa lectura en la catedral de Westminster, durante el funeral, contenía ya el virus que llevó al desastre de Irak: la importancia de la imagen por encima de los principios que se dicen defender.