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jueves, 2 de diciembre de 2010

El adiós del Hijo de Cien Caras



El adiós del Hijo de Cien Caras


Jue, 2010-12-02 11:58
Primera Caída:
El adiós.

A través del cristal del ataúd, su rostro reflejaba un semblante sereno y lleno de paz, convencido de que esa noche del domingo 28 de noviembre había realizado bien su trabajo en el ring, como el gran profesional que era. Bajó satisfecho del cuadrilátero de la Arena Naucalpan y caminó al vestidor, se despedía del público y, ya adentro, sus compañeros le dieron, sin saberlo, el último abrazo y se despidieron de él para siempre sin imaginar que horas después sería cobardemente asesinado. Yo lo contemplaba una y otra vez reprochándole el haberse ido tan temprano y sin despedir, sus largas pestañas ya no se levantaron para permitirme ver sus ojos, sus labios parecían sonreír como diciéndome: “¡Hice y viví como quise!, fui buen hijo, buen hermano, buen esposo, buen padre”, ¿No lo sé? conteste en silencio, sin dudar de sus palabras, lo que sí sé es que fuiste un excelente compañero, un buen amigo, un hombre sano, trabajador y un profesional que se superaba día a día, fuiste un buen ser humano y aquí está la prueba, mi querido ‘Tachito’, no han dejado de llegar tus compañeros y amigos para despedirse de ti antes de que viajes a Monclova, Coahuila, donde te espera tu familia.

Segunda caída:
La niñez.


Eustacio Jiménez Ibarra nació el 21 de marzo de 1976 en una pequeña población, situada en el municipio de Tula (en el estado de Tamaulipas), de nombre Nuevo Padilla. Siendo aún un niño, lo llevaron a vivir al puerto de Tampico, donde se crio. Ya de adolescente, su hermano mayor lo llevó a vivir a Monterrey, Nuevo León. En aquellos años no todo era alegría; en las navidades no siempre podían abrir un regalo. Fue un niño feliz, a pesar de las carencias económicas, siempre recibió el amor y cariño de su familia, sobre todo del hermano mayor a quien Tacho admiraba enormemente porque era luchador profesional y se entusiasmaba mucho cuando éste luchaba en las arenitas de la ciudad de Monterrey, ya que ahí lo podía ver. Siempre, al término de cada lucha, le ayudaba a guardar sus botas, mallas y capa en la vieja petaquita de piel. Cuando salían de la arena se sentía orgulloso al ver que a su hermano le pedían autógrafos y se fotografiaban con él, fue cuando Tacho decidió seguir sus pasos para convertirse en luchador profesional. Pasó el tiempo y su hermano se convirtió en La Parka, salía en televisión y gozaba de enorme fama y popularidad, fue entonces que (el ahora) L.A. Park se convirtió en su maestro y, con la ayuda del Salsero, lo entrenaron hasta cumplirle el tan anhelado sueño. Llegó el día del ansiado debut y debido a su gran estatura y peso le pusieron una máscara y el nombre de ‘Frankenstein’, debutó en Guadalupe, Nuevo León, bajo la promoción del Salsero, en el patio de una casa convertido en arena, propiedad de Homero Guerrero, integrante de los Cadetes de Linares.

L.A. Park deseaba que su hermano probara el estrellato, era un buen luchador, tenía peso y estatura, pero necesitaba un nombre que llamara la atención del público, fue entonces que L.A. Park se acercó a un noble compañero y amigo quien había hecho historia y no tenía un heredero que continuara con el nombre y personaje de Cien Caras.
 
Tercera caída:
El Hijo de Cien Caras.


Carmelo Reyes ‘Cien Caras’ conocía a Tacho desde que era un jovencito, así que después de pensarlo muy bien aceptó la propuesta de L.A. Park y heredó a Tacho el nombre y personaje de El Hijo de Cien Caras. Con el enorme apoyo de Carmelo y de L.A Park, el nuevo Capo mostraba un gran entusiasmo en cada lucha, dándole lustre, respeto y valor al personaje. Gracias a su perseverancia y esfuerzo cotidiano en el gimnasio, logró hacerle honor a los Hermanos Dinamita y se ganó el respeto del público y de sus compañeros. Hace casi cuatro años, en una etapa muy difícil de mi carrera, cuando el CMLL giró un memorándum a empresarios y luchadores donde quedaba estrictamente prohibido contratarme o luchar conmigo, Tacho fue uno de los pocos gladiadores que tuvo los pantalones de hacer caso omiso a tal arbitrariedad e injusticia y aceptó ser parte del elenco de Todo X El Todo, en mi 25 aniversario, durante la función realizada en el desaparecido Toreo de Cuatro Caminos. Tiempo después, tuve el enorme placer de llevarlo a nuestras giras por Europa, siendo la bella ciudad de Valencia, España, el primer lugar en el que luchó en el Viejo Continente dentro del Festival Internacional de Rock y, de ahí, al Round House de Londres, Inglaterra, en donde parecía un niño grande caminando a orillas del Río Támesis, admirando todos y cada uno de los mágicos lugares que visitábamos en nuestros tiempos libres; La Torre de Londres, El Big Ben o el Palacio de Buckingham, siempre alegre, accesible y amable con mi familia y compañeros. Ayer fue sepultado al mediodía, en compañía de sus padres, de su esposa María Félix Rocha, sus hijos, Allan Eustacio, Édgar Adolfo, Abraham y su pequeña bebé recién nacida que crecerá, lamentablemente, sin conocerle, pero sabiendo que estaba ansioso por tener una niña tan bella como ella.

Así como de sus hermanos Ulises, Alejandro, Gabriel, Georgina y L.A. Park, quien siempre creyó en él y lo ayudó a cumplir su sueño. Comparto las palabras que muy consternado me dijo en la funeraria la noche del pasado lunes: “No hace falta que se muera uno de nosotros para unirnos y demostrarnos que somos una gran familia luchística, en donde no existen empresas, ni elencos… ¡Que se peleen los promotores!, ¡nosotros, no!, gracias a todos mis compañeros por acompañar a mi querido hermano”. Descanse en paz.

Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.


jueves, 14 de octubre de 2010

respuesta pendeja de los pendejos de AAA...



¿LA LUCHA LIBRE ES DANZA?

Publicada el Míercoles 13 octubre del 2010 a las 09:46:17 AM

BOLETIN DE PRENSA

El otrora luchador profesional, y ahora aparentemente profesional de la danza, Jorge Ernesto Guzmán, conocido como "El Hijo del Santo", ha demandado a la empresa de lucha libre Triple A (Promociones Antonio Peña), por el supuesto uso de una obra de danza y no por su participación como luchador en la función Triplemania XVII.  Al ver frustrados sus intentos por obtener cantidades extraordinarias de las arcas de la empresa luchística, El Hijo del Santo procedió a un artilugio legal: en agosto de 2010 registró ante el Instituto Nacional del Derecho de Autor la obra de danza  "Combate técnico de lucha libre sobre el ring del Hijo del Santo", con el número de reservas 03-2010-080210-543200-01, en la cual se ostenta como autor de la llave "la de a caballo" de la creación de Gori Guerrero, con lo que pretende dar originalidad a una llave de lucha como si fuera una obra de danza o simple coreografía. El Hijo del Santo  contradice las palabras que él mismo ha expresado, pues en fecha reciente, ha emprendido una campaña vía su columna en el periódico Record, así como por las redes sociales de internet "defendiendo a la lucha libre", y criticando la supuesta falta de seriedad de AAA y del estilo de lucha del cual él mismo ha sido partícipe.

Tal actitud, de equiparar la lucha libre con una obra de danza, y proceder a registrar sus combates como tal, también contradice la imagen de respeto por su profesión que el Santo siempre proyectó, ya que uno de los elementos fundamentales de El Santo era el trato respetuoso por su profesión, a la que nunca equipararía con una coreografía, y mucho menos procedería a trámite ante autoridad alguna afirmando tal versión.

En aras de sus intereses económicos, y privilegiando éstos por encima de la lucha libre, El Hijo del Santo ha llegado hasta este grado, el de manifestar ante una autoridad ser el "creador" o "autor" original o primigenio de una "obra de danza" en la que se efectúa la llave "de a caballo".  Una "obra de danza" que no es otra cosa que un combate de lucha libre, que él protagonizó, en Triplemanía XVII.

Estos antecedentes vuelven la contratación del Hijo del Santo aún más complicada de lo que ya venía siendo, pues este tipo de artilugios legales podrían ser utilizados contra otras empresas y promotores, que de no satisfacer cualquier exigencia monetaria adicional de este luchador, podrían ser demandados por haber presentado "la obra de danza" de la que El Hijo del Santo dice ser el autor.

Cuando la lucha libre dejó de ser un deporte



Cuando la lucha libre dejó de ser un deporte

Jue, 2010-10-07 16:28
Primera caída: La lucha libre como deporte-espectáculo

Según la crónica de don Enrique Ugartechea, la lucha libre fue introducida en México en 1863 en tiempos de la intervención francesa, siendo él uno de los primeros luchadores junto con el ‘Alcides mexicano’, Antonio Pérez de Prian y el norteamericano Henry Bukler.

En 1900, apareció José Espino Barros y un francés de nombre Michaud Planshet y para 1903 surgen

luchadores como Gil Larrea, Romulus y otros más que practicaron esta profesión, entonces catalogada como deporte. Fue hasta 1933 cuando Salvador Lutteroth se unió a Pancho Ahumada y buscaron el apoyo del periódico La Afición y de su director Fray Nano para así presentar su primera función en la Arena Modelo.

A partir de los años 50, con la llegada de la televisión, la lucha libre fue catalogada como un deporte espectáculo, término que fue bien recibido por los luchadores. Sobre el ring, los deportistas que practicaban esta profesión tenían que llamar la atención del público no sólo mostrando su técnica en el cuadrilátero. También lo hacían dándole vida al personaje que representaban montando cada uno sus coreografías para subir al ensogado. Fue así como el Murciélago Velázquez, a su llegada, aterrorizaba a los espectadores al liberar a una docena de murciélagos que revoloteaban entre los miles de aficionados presentes; el Cavernario Galindo subía acompañado por una víbora a la cual mordía partiéndola en dos quedando con la boca ensangrentada, provocando horror y repulsión en el público presente; el Espectro era llevado hasta el ring dentro de un ataúd cargado en hombros por cuatro fúnebres enterradores –esto mucho antes de que siquiera se pensara en debutar a Undertaker, de WWE–, por mencionar sólo algunos personajes.

El primer luchador exótico fue Gardenia Davis, quien repartía flores al público y era perfumado por su valet; otros más, como El Santo y el Médico Asesino, con sus nombres, máscaras y atuendos se transformaban y daban vida a su personaje, así como Black Shadow, Blue Demon y Huracán Ramírez, quienes después de su presentación daban paso a sus extensos recursos y técnica depurada a ras de lona que hacían vibrar al espectador de antaño.

Segunda caída: ¿Circo, maroma, teatro o deporte?

Desde entonces, ha existido la polémica de saber si la lucha es verdadera o falsa, si es deporte o espectáculo. Esto ha ido a tal grado que un periodista tan emblemático y serio como lo es el licenciado Jacobo Zabludovsky, dedicó varias horas a este tema en el programa de Contrapunto ‘La lucha libre ¿Circo, Maroma, Teatro o Deporte?’ llegando finalmente a la conclusión de que tenía un poco de todo; esto, dicho por experimentados luchadores como Wolf Rubinsky, El Santo, Blue Demon y Mocho Cota.

Lo que es muy cierto, es que para ser un luchador de alto rendimiento, obviamente se requiere de ser un buen deportista y tener excelente condición física, igual que para ser torero, cirquero, malabarista, trapesista o actor, cuyas profesiones, por cierto, no son catalogadas como un deporte. Fue debido a esta polémica que la lucha dejó de ser menos deporte y más espectáculo, tornándose más violenta y agresiva; los luchadores querían demostrarle al público que los golpes eran reales y con la llegada de los luchadores independientes al Toreo de Cuatro Caminos, la lucha se volvió más espectacular y efectiva, pero también la sangre, domingo a domingo, se convirtió en un protagonista más de este espectáculo. Orgullosamente, les puedo decir que me formé con estos grandes gladiadores que sabían luchar a pesar de ser rudos, como El Perro Aguayo, Fihsman, Los Villanos, Los Misioneros de la Muerte, los Brazos, Blue Panther, Lobo Rubio, Black Terry, Canek, etcétera, y lo menos importante era que fuera catalogado deporte o espectáculo.

Tercera caída: Lo que se ve no se juzga

Hoy, lamentablemente, la lucha libre que se practica específicamente en Triple A, ha dejado de ser un deporte (lo que se ve no se juzga), para convertirse en un burdo y denigrante espectáculo, remedo de la lucha libre norteamericana, catalogada en su país como entretenimiento y no como deporte, por ello lleva el nombre de WWE (World Wrestling Entertainment).

Los luchadores se olvidaron de luchar. Unos ni siquiera saben, sólo una minoría posee una excelente técnica, pero lamentablemente la han dejado guardada en un baúl, igual que dejaron olvidado el ring y hoy sólo se dedican a insultar al público e insultarse entre ellos a través de un micrófono; otros se bajan los calzones, bailan y escenifican una absurda comedia, pisoteando una profesión tan bella como es la lucha libre mexicana; algunos más, para demostrarle al público que se golpean de verdad y que según ellos brindan un gran espectáculo, utilizan mesas, escaleras, alambre de púas, lámparas y hasta tachuelas para sangrarse ¿eso es un deporte? Sin embargo, los principales culpables de todo esto somos los mismos luchadores que no hemos sabido poner límites a tanta basura que contamina a los millones de niños que ven la televisión.

Sería interesante conocer la opinión de la Secretaría de Gobernación al respecto. Por ahora, lo único que podemos hacer, los que verdaderamente amamos y respetamos la lucha libre, los que vivimos para ella, es dignificarla, no siendo vividores de ella ni cómplices de los denigrantes eventos que presenta esta decadente empresa en la cual acepté presentarme una vez, en la pasada Triplemanía XVII, con la intención de recuperar la lucha clásica y, sinceramente no me quedaron ganas. Además, hasta el día de hoy ni siquiera me han pagado.

Sería muy cobarde de mi parte culpar a la empresa Televisa de todas las porquerías y abusos que comete Promociones Antonio Peña, pues la televisión es sólo un medio de comunicación que transmite el material que las empresas de lucha libre quieren mostrar al público. Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.