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miércoles, 12 de enero de 2011

Nuevo golpe a la libertad de expresión, demandan a Contralínea por 'daño moral'



Que no mamen...


Nuevo golpe a la libertad de expresión, demandan a Contralínea por 'daño moral'

miércoles, 12 de enero de 2011 

La Jueza 54 de lo Civil condenó a la revista Contralínea por daño moral debido a las demandas interpuestas por contratistas de Petróleos Méxicanos al ser criticados en análisis de los articulistas.

Sin embargo Contralínea se ha visto acosado constantemente, llegando incluso al allanamiento de sus oficinas, llamadas intimidantes, amenazas, y presiones para que revelen sus fuentes de información

Las empresas privadas que se han visto “ofendidas” por los análisis e informaciones de Contralínea son Zeta Gas, Oceanografía y Blue Marine.

La Juez del caso alega que la industria petrolea no es de interés público por lo que las expresiones de Contralínea escapan del ámbito de la libertad informativa.

La embestida fue directa contra el caricaturista David Manrique "Manriquemonero" y los periodistas Ana Lilia Pérez, Nancy Flores y Miguel Badillo.

Esta claro que este golpe a la libertad de expresión lleva una consigna que se dicto de muy arriba, donde la “autoridad” protege a los corporativos que se benefician de jugosos contratos a expensas de la industria del estado

Fuente de información, Elchahuistle.com


viernes, 7 de enero de 2011

EU e Israel, responsables en envenenamiento de Arafat


EU e Israel, responsables en envenenamiento de Arafat

Autor: Red Voltaire
7 January 2011
 
El 11 de noviembre de 2004, falleció el presidente Yaser Arafat en un hospital militar francés. Su muerte dio lugar, en aquel entonces, a una polémica sobre el origen de su envenenamiento. Cuando el movimiento Hamas descubre una serie de documentos en los archivos personales del ministro Mohamed Dahlan, logran reunirse las pruebas del complot. Arafat habría sido asesinado por traidores palestinos bajo las órdenes de agentes israelíes y estadunidenses


Thierry Meyssan* / Red Voltaire

La llegada de George W Bush al poder es Estados Unidos, en enero de 2001, y la del general Ariel Sharon en Israel, en marzo de 2001 y en plena Intifada, marcan un cambio radical en la política hacia los palestinos. Este periodo coincide con la entrega del informe del senador George Mitchell sobre las responsabilidades compartidas en la continuación del conflicto. El presidente Bush designa a un experimentado diplomático, William Burns, como su representante en el Medio Oriente. Junto al director de la Agencia Central de Inteligencia, George Tenet, Burns elabora un documento de seis puntos para el alcance de un cese del fuego. El 26 de junio, Sharon y Bush analizan el plan en la Casa Blanca.

En realidad, se trata de una simple puesta en escena. La reapertura de las vías de circulación en los territorios ocupados se subordina al cese inmediato y total de las hostilidades. En otros términos, las medidas represivas en los territorios ocupados no se suspenderán mientras los palestinos no renuncien incondicionalmente a la resistencia armada. Sharon y Bush se ponen de acuerdo sobre la adopción de un discurso que estigmatiza al presidente Yaser Arafat y lo hace responsable de la continuación de las hostilidades: es “el terrorista” por excelencia y los dos países tienen que unirse para enfrentar el “terrorismo”.

Por consiguiente, el general Sharon decide aplicar en adelante la estrategia de los “asesinatos selectivos” contra los dirigentes políticos palestinos. El primero en ser eliminado será Abu Ali Mustafa, uno de los jefes de la Organización para la Liberación de Palestina.

Se producen entonces los atentados del 11 de septiembre de 2001; la retórica anterior se incorpora sin problemas a la de la “guerra contra el terrorismo”. Aquella mañana, los medios de comunicación incluso divulgan una declaración en la que un grupo palestino reclama la autoría de los atentados, mientras que Israel cierra todas sus representaciones diplomáticas a través del mundo. Imágenes de unos 15 palestinos que gritan de alegría ante los daños causados en Estados Unidos dan la vuelta al mundo. En definitiva, la responsabilidad de los palestinos será descartada durante el transcurso del día y los atentados serán atribuidos a un grupúsculo instalado en Afganistán.

Para cerrar este capítulo, Yaser Arafat se presenta en un hospital para donar su sangre a víctimas estadunidenses. Pero la oportunidad es demasiado propicia para dejar de aprovecharla. Los dirigentes israelíes multiplican sus declaraciones de condolencia por las víctimas al comparar los sufrimientos de los estadunidenses con los de los israelíes. Ariel Sharon califica a la autoridad palestina como “organización que apoya el terrorismo”, mientras que el vocero de la Casa Blanca subraya que Israel tiene derecho a defenderse. Se recurre a la mezcolanza entre resistencia y terrorismo.

Tel Aviv intensifica las acciones tendientes a aislar al “terrorista” Yaser Arafat; pero los ministros de relaciones exteriores de la Unión Europea reafirman que el presidente palestino es un interlocutor favorable a la paz, mientras que Washington mantiene sus contactos con el viejo líder. Luego de haber comprobado que una solución militar es imposible, el general Sharon traza un plan que establece nuevos límites territoriales en Palestina y que garantiza la continuidad territorial de Israel y de sus colonias mientras que divide los territorios palestinos en dos zonas aisladas entre sí.

Discretamente, Sharon emprende labores de acondicionamiento, en especial la construcción de un muro que marcará la nueva frontera. El plan en su conjunto sólo será revelado posteriormente. El general Sharon se limita, primeramente, a anunciar la creación de “zonas de contención”, robadas a los territorios ocupados.

Simultáneamente, una asociación de exoficiales realiza una campaña de propaganda a favor de una separación entre judíos y árabes decidida unilateralmente por los judíos. Comienza la marcha hacia una forma de apartheid en la que Gaza y Cisjordania harán el papel de bantustanes.

Para desplazar las líneas en el terreno, el gobierno israelí emprende la operación “Muro de protección”, traducida a veces como operación “Muralla”, apelación que sólo se comprenderá posteriormente. El ejército israelí arrasa parte de Yenin y asedia, en Belén, la Basílica de la Natividad, donde la iglesia católica había dado refugio a varios miembros de la resistencia palestina.

El general Sharon designa a Yaser Arafat como el “enemigo público de Israel”, algo que muchos interpretan como signo de su inminente eliminación. En una solemne alocución televisiva, el primer ministro israelí declara: “El Estado de Israel está en guerra (…) Una guerra sin compromiso contra el terrorismo (…) actividad coordinada y dirigida por Yaser Arafat”. Durante cinco meses, las fuerzas israelíes asedian el palacio presidencial en Ramala y declaran esa ciudad “zona militar prohibida”. El viejo líder se ve sitiado en unas pocas habitaciones, sin agua ni electricidad. Sharon le propone la partida “sin pasaje de regreso”.

Terminado el asedio, gracias a la presión internacional, Arafat sigue estando confinado, en prisión domiciliaria, entre las ruinas del palacio presidencial.

El príncipe Abdullah, de Arabia Saudita, propone un plan de paz razonable, que tiene en cuenta los intereses de todas las partes. Lo presenta en la cumbre de la Liga Árabe, en Beirut, en ausencia de Yaser Arafat, quien sigue prisionero en Ramala, y obtiene el apoyo de Estados árabes.

George W Bush, quien se entrega a un doble juego con William Burns y Donald Rumsfeld por un lado y con Anthony Zini y Colin Powell por el otro, sabotea el plan árabe de paz. El 24 de junio de 2002, Bush se pronuncia por la creación de un Estado palestino, pero pone como condición previa la partida voluntaria del presidente Arafat y el establecimiento de una nueva dirección palestina que no esté “comprometida con el terrorismo”.

Está en marcha la lógica que debe conducir al asesinato del viejo líder. Ya nada podrá detenerla.

Washington solicita inútilmente a sus socios del “cuarteto” (Organización de las Naciones Unidas –ONU–, Unión Europea, Rusia) que apoyen la partida de Arafat. Después de un atentado que ocasiona siete muertos en Tel Aviv, el general Sharon ordena poner de nuevo bajo asedio el palacio presidencial. El ejército israelí destruye casi todo el complejo gubernamental y los dirigentes israelíes no esconden sus intenciones de acabar definitivamente con su “enemigo” Arafat. Toda la población palestina manifiesta su apoyo al viejo líder, mientras que el Consejo de Seguridad de la ONU vota la resolución 1435 en la que ordena a Israel poner fin inmediatamente a la operación. El ejército israelí levanta el asedio.

En Israel se organizan elecciones anticipadas, cuyo resultado refuerza el poder de Ariel Sharon. Al conformar su nuevo gabinete, Sharon declara sin ambages que va a “llevar a su término la guerra contra el terrorismo, marginar la dirección palestina y crear las condiciones para la aparición de una nueva dirección con la que será posible llegar a una paz verdadera”.

Rusia y Francia urgen a Arafat ceder posiciones para evitar lo peor. El viejo líder acepta crear un puesto de primer ministro y ponerlo en manos de una personalidad que goce de la aceptación de Tel Aviv y de Washington y que pueda conversar con ambos gobiernos para romper el aislamiento. Designa a Mahmud Abbas.

Los dos dirigentes tienen problemas para ponerse de acuerdo sobre la formación del gobierno. Abbas quiere poner las relaciones con las organizaciones de la resistencia militar en manos del general Mohamed Dahlan, proposición que Arafat rechaza. En definitiva, deciden nombrar a Dahlan como jefe de la policía.

En todo caso, la formación del gobierno palestino no cambia nada. La decisión de matar a Arafat ya está tomada. Ése es incluso el programa oficial del nuevo gobierno de Sharon. El embajador estadunidense William Burns y el primer ministro israelí Ariel Sharon organizan un encuentro secreto con el primer ministro palestino Mahmud Abbas y con el futuro ministro del Interior, Mohamed Dhalan.

Los conspiradores discuten los detalles del crimen. Acuerdan asesinar simultáneamente al viejo líder y a los jefes del Hamas para evitar que estos últimos retomen la antorcha.

El “cuarteto” acoge la formación del nuevo gobierno palestino con la publicación de la “hoja de ruta”. El gobierno de Sharon aprueba públicamente ese paso, pero transmite secretamente a la Casa Blanca una nota en la que expone 14 reservas que vacían la “hoja de ruta” de su contenido.

Durante seis meses, Mahmud Abbas participa en numerosos encuentros internacionales para poner en aplicación las recomendaciones del “cuarteto” y es recibido con honores en la Casa Blanca. Pero se descubre que está aceptando compromisos que van más allá de sus competencias, como la promesa –durante la cumbre de Akaba– de poner fin a la resistencia armada sin pedir nada a cambio.

El complot acaba por llegar a oídos del presidente francés Jacques Chirac, quien alerta a su homólogo ruso Vladímir Putin. Francia y Rusia proponen al presidente Arafat evacuarlo inmediatamente de Ramala y darle asilo político en el país de su elección. El viejo líder no acepta. Sabe que si sale de Palestina, nunca podrá regresar.

Para garantizar su propia seguridad, Arafat crea el cargo de consejero de seguridad nacional, que interfiere con las prerrogativas de Abbas y de Dahlan, y lo pone en manos de Jibril Rajub. La tensión alcanza su punto culminante. Abbas presenta su renuncia y se lleva a Dahlan.

En ese momento, Mohammed Dahlan envía una carta al ministro israelí de Defensa, Shaul Mofaz; de ésta se encuentra una copia en los archivos privados de Dahlan cuando este último se da a la fuga. Dahlan escribe: “Tenga usted la seguridad de que los días de Arafat están contados. Pero déjenos acabar con él a nuestra manera, no a la de ustedes (…) cumpliré las promesas que hice ante el presidente Bush”.

Yaser Arafat nombra primer ministro a Ahmed Qorei. El gobierno de Sharon responde con la adopción del principio de expulsión del presidente de la autoridad palestina fuera de Palestina. Los palestinos se manifiestan nuevamente a favor de su líder.

Siria pide al Consejo de Seguridad de la ONU que prohíba la expulsión de Arafat, pero Estados Unidos recurre al veto contra ese proyecto de resolución. Como represalia, los aviones israelíes sobrevuelan el palacio presidencial sirio y bombardean un antiguo campamento palestino cerca de Damasco.

En marzo de 2004, el ejército israelí asesina al jeque Ahmad Yasin, jefe espiritual del Hamas. Este asesinato puede interpretarse como el deseo de decapitar la rama musulmana de la resistencia para que no pueda sustituir a la rama laica cuando ésta sea también decapitada. En la ONU, Washington recurre al veto ante una resolución de condena contra ese crimen. Siguiendo la misma lógica, el ejército israelí asesina un mes después al jefe civil del Hamas, Abdel Aziz al-Rantisi.

Ariel Sharon viaja a Washington y da a conocer el nuevo plan de repartición de Palestina que ya viene aplicando desde hace tres años. Insiste en que la continuidad territorial israelí exige el desmantelamiento de las colonias demasiado expuestas e indefendibles y en que las tropas israelíes se retirarán de los territorios destinados a los palestinos. Admite la existencia de un proyecto de separación de las poblaciones en entidades étnicamente homogéneas y revela todo el trazado del muro de separación. El presidente Bush le da por escrito la luz verde de Washington y agrega que, debido a “la nueva realidad [existente] en el terreno”, el principio de regreso a las fronteras establecidas por la comunidad internacional es ya “irrealista”. El hecho consumado prevalece ante el derecho.

Como el Consejo de Seguridad de la ONU se niega a condenar las anexiones de territorios que se concretan con la construcción del muro de separación, la Asamblea General pone el caso en manos de la Corte de La Haya para que determine lo que establece el derecho.

En Ramala, Yaser Arafat teme que el ministro del Interior del gobierno de Qorei se haya sumado al complot y decide destituirlo. Ahmed Qormi, quien se siente rechazado, presenta su renuncia. Finalmente, Arafat deroga su decisión. Qormi y su equipo se quedan, incluyendo a los traidores.

Error fatal


El 21 de octubre de 2004, Yaser Arafat presenta vómitos. Los médicos creen, en principio, que se trata de una simple gripe. Su estado empeora rápido y su sistema inmunitario se debilita gravemente. A propuesta del presidente francés Jacques Chirac, Arafat acepta salir de Palestina para recibir tratamiento médico. Sabe que su vida corre peligro y que, incluso si se salva, ya no podrá volver a su tierra. En Francia, es internado en un hospital militar especializado. Los médicos no logran aislar el veneno debido a que sus asesinos le han inoculado, además, el retrovirus del síndrome de inmunodeficiencia adquirida, lo cual hace ilegibles todos los exámenes que se le realizan. Cae en estado de coma.

Se anuncia su muerte el 11 de noviembre de 2004, a las 03:30, hora de París. La presidencia de la república francesa se ocupa de que en el acta de defunción se precise que el presidente de la autoridad palestina es una persona nacida en Jerusalén.

Al oponerse el gobierno de Sharon a que Yaser Arafat sea inhumado en Jerusalén, se realizan obsequias de nivel internacional en El Cairo y sus restos son enterrados en Ramala. Los colaboracionistas que habían conspirado con los ocupantes para matarlo no tardarán en apoderarse del poder.

*Analista político francés. Fundador y presidente de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace

Contralínea 214 / 02 de enero de 2011
 

domingo, 12 de diciembre de 2010

¿El Mossad detrás de Wikileaks?


¿El Mossad detrás de Wikileaks?

Autor: Alfredo Jalife-Rahme 
12 December 2010

Desde que detonó la más reciente ráfaga de filtraciones de cables internos del Departamento de Estado por Wikileaks, que es un verdadero tsunami global de perfidia que deja mal parado a Estados Unidos, se ha gestado una dinámica interesante que obliga plantear si es una divulgación casta y pura de la (des)información –ya no se diga, la selección a cuenta gotas muy personal de su gerente Julian Assange, el polémico australiano de 39 años, algo así como un nuevo héroe anónimo en búsqueda de la piedra del Santo Grial de la verdad absoluta– o si algún servicio muy especializado de inteligencia se encuentra detrás de su divulgación masiva, pero selectivamente desestabilizadora, con propósitos aviesos.


Durante la primera semana del estallido de la vorágine de Wikileaks de más de un cuarto de millón de cables –que tomará analizar siete años por lo menos, de acuerdo con el propio Assange, hoy detenido por la acusación penal de violación sexual en Suecia y una orden de aprehensión de la Interpol–, nos llamó la atención que la teocracia chiíta iraní de los Ayatolás haya surgido como el maldito de la película, mientras Israel era tratado con una tersura inusitada (hecho acreditado por la misma prensa israelí en su conjunto).

Los afectados han reaccionado de manera diferente en los cuatro rincones del planeta. Los primeros días de la filtración, el foco de los grandes periódicos occidentales fue Irán y, en general, el gran Medio Oriente, donde son puestos en la picota los gobiernos de Pakistán y Afganistán.

Pese a la gravedad en el Noreste asiático, el tema de Corea del Norte no fue tan profundizado como el de Irán y sus vecinos árabes del Golfo Pérsico que tampoco salen muy bien librados.

Existen mil maneras y métodos de abordar los contenidos hasta ahora conocidos, y abundan quienes poseen sus propias pistas y sus muy respetables teorías que por el diluvio de datos son inevitablemente reduccionistas. Así las cosas, no pretendemos poseer la única interpretación universal al respecto y sólo nos consagraremos a destacar el cui bono del asunto, aplicado específicamente al gran Medio Oriente: la identidad de a quién(es) benefician las filtraciones al corte de caja de hoy, lo cual puede afianzarse o ir variando, y hasta desvanecerse, en las próximas semanas, meses y hasta años.


Es evidente que la lectura de las filtraciones respecto de Rusia, Europa, Coreo del Norte y Latinoamérica (donde el estado de “salud mental” de los mandatarios de México y Argentina es enjuiciado severamente con el simple hecho de realizar las preguntas pertinentes) es tan específica como la muy singular situación del gran Medio Oriente.

Ya habrá oportunidad de escudriñar estricta y serenamente el contenido de los cables –muchos de los cuales pecan de imprecisiones, inconsistencias, contradicciones y hasta son disparatados.

Baste por ahora señalar que no necesariamente todo lo que se dice en los cables, primero, es verdad (mucho depende del prisma del diplomático en turno en un lugar dado), y segundo, sea tomado en consideración por la Casa Blanca que en última instancia posee el monopolio del botón nuclear y que además cuenta con un abanico de input informativo desde su ejército (la Defense Intelligence Agency, DIA), pasando por la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), hasta la depuración cupular en el Consejo de Seguridad Nacional. Los cables son un canal de los varios que posee el presidente Obama, quien en su calidad de comandante supremo tiene la última palabra.

Que la “diplomacia” de Estados Unidos haya sido expuesta en su peor rostro degenerado e indecente tampoco es nada sorprendente.

No faltan quienes hayan fustigado que varios de los cables de los embajadores de Estados Unidos pudieron haber sido formulados después de una sobredosis de cócteles (hoy la principal y vana tarea de la anacrónica “diplomacia” que en su conjunto ha quedado herida de muerte).

Insistimos: nuestro enfoque será indagar al beneficiario en última instancia por las filtraciones. De entrada, podemos avanzar –tal y como lo expresamos el mismo día de la exhumación del tsunami de Wikileaks con la muy solvente conductora Carmen Aristegui, de CNN en español– que, al corte de caja de ese día, el gran triunfador es Israel y el gran perdedor es Irán, lo cual llama poderosamente la atención y obliga a analizar las pistas (que no son muchas) del propio Julian Assange.

Vale la pena también tener presente un escenario nada descartable ni descabellado sobre la castidad ingenua y primigenia de Assange, quien estaría haciendo un involuntario servicio colateral a cierto tipo de países (Israel), así como perjudica a otros (Irán). Sea lo que fuere, el daño está hecho, pero no es nada improbable que posteriormente imprima un efecto boomerang contra sus autores.

Empezaremos por citar las reacciones a partir del más alto nivel estratégico: dos asesores de seguridad nacional de Estados Unidos, el demócrata Zbigniew Brzezinski (con Carter) y el republicano Stephen Hadley (con Baby Bush), ambos entrevistados por la conductora de PBS Judy Woodruff, el pasado 29 de noviembre, un día aciago para los servicios de inteligencia de Estados Unidos desfondados aparentemente por un hacker interno (el analista del ejército Manning Bradley, de 23 años, hoy encarcelado y aislado del mundo), y por Julian Assange, un “romántico” (en apariencia, hasta ahora) de la virtud (des)informativa. Brzezinski comenta que lo relevante radica en saber “quién alimenta a Wikileaks”. En forma interesante, Brzezinski sufre un lapsus linguae muy freudiano entre Wikipedia y Wikileaks, lo que ya, a su nivel, aporta una primera pista sobre el único país del Medio Oriente que no es árabe y a quien se le imputa el control de Wikipedia (debido a la nacionalidad, religión o etnia de sus inventores, controladores y operadores).

El exasesor de seguridad nacional de Carter, hoy íntimo de Obama, reconoce que mas allá de las abundantes trivialidades sin consecuencias, “algunas son apuntadas sorprendentemente”, como las que buscan poner en aprietos las relaciones de Estados Unidos con China. En cuanto a las exageradas citas sobre los líderes árabes, “su objetivo es socavar su credibilidad interna” debido a su postura en contra de Irán. Se pregunta “si Wikileaks está siendo manipulado por “partes interesadas que desean complicar la relación de Estados Unidos con otros gobiernos o desean desestabilizar a algunos (sic) gobiernos” debido al puntillismo implicado.

Brzezinski levanta la sospecha de que Wikileaks, además de su fuente conocida, haya sido “sembrada” y alimentada “al mismo tiempo por otros servicios de espionaje interesados (sic) que desean manipular el proceso y conseguir ciertos objetivos muy específicos”.

No hay que ser genio para deducir que el único país beneficiado es Israel, quien cumple exquisitamente las características delineadas por Brzezinski, quien habla nítidamente entre líneas.

De Defensa, un centro de pensamiento europeo, interpreta que Brzezinski, después de fustigar “la manipulación de un servicio de espionaje foráneo”, quizás “piense en que Israel ya no aprecia particularmente la injerencia del lobby judío en Washington”.

Esta opinión de Brzezinski es la que pesará más en el seno del gabinete Obama y, guste o disguste, es la más seria expresada al más alto nivel de la jerarquía gobernante de Estados Unidos.

No es ocioso exponer otros portales y gobiernos de primer nivel en el gran Medio Oriente (por ejemplo, Turquía) que señalan explícitamente tanto al Mossad (Instituto Central de Operaciones y Estrategias Especiales) como a Israel de encontrarse detrás del tsunami de Wikileaks.

Un disidente de la guerra, John Chuckman, en Scoop (2 de diciembre de 2010), acusa: “Wikileaks representa un frente de la CIA y el Mossad (¡súpersic!)”. No aporta datos duros para demostrarlo, pero sobresale que lo haya proferido con mucha soltura desde su residencia en Canadá.


El periódico israelí Haaretz (2 de diciembre de 2010) –basado en el rotativo turco Hurriyet– informa que “un alto funcionario turco dice que Israel se encuentra detrás de las filtraciones de Wikileaks”; nada menos que Huseyin Celik, líder del partido gobernante AKP, quien dice: “Se debe ver a los países que están contentos con las filtraciones. Israel está muy contento y ha hecho declaraciones antes de la publicación de los documentos”. ¿Conocía el gobierno de Netanyahu el contenido previo de los documentos que prácticamente avalan su postura bélica contra Irán?

El portal Debka (presuntamente vinculado al Mossad), prácticamente al instante de la revelación de Wikileaks, se jacta de que “Israel empujó a Estados Unidos a aprobar un bombardeo contra Irán” y donde se reporta que el ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, estimaba que, a partir de 2009, sólo quedaban 18 meses como “ventana de oportunidad” para destruir las plantas nucleares de Irán.

A nuestro juicio, lo enunciado por Wikileaks en contra de Irán de parte de los cables de las embajadas estadunidenses en el gran Medio Oriente es una copia fiel de la postura del gobierno de Israel. ¿A ese grado se ha israelizado la política exterior de Estados Unidos? ¿Controla Israel a la mayoría de los embajadores de Estados Unidos en la región del gran Medio Oriente?

Es evidente que uno de los propósitos aviesos de la revelación de los cables consiste en amarrar navajas entre los persas de Irán y las petromonarquías árabes del Golfo Pérsico, en particular, Arabia Saudita, cuyo rey, Abdalá, incitó a Estados Unidos a “cortar la cabeza de la serpiente” –una expresión exageradamente fuerte en la región, pero que, al corte de caja de hoy, no concuerda con el reciente acercamiento entre Arabia Saudita e Irán sobre los contenciosos en Irak y Líbano–. Pero ése es otro tema sobre las inconsistencias y contradicciones de las filtraciones.

En forma perversa, el portal israelí Debka (1 de diciembre de 2010) filtra que Arabia Saudita e Israel seguirán negociando en secreto “la destrucción del programa nuclear iraní”, pese a las revelaciones de Wikileaks.

El británico Richard Spencer, corresponsal del The Daily Telegraph en Dubai, pregunta si “Wikileaks es un frente de la CIA o del Mossad”, con base en el dicho de un analista iraní a la televisora Al-Jazeera, quien fustigó que las filtraciones “tenían como objetivo socavar la paz en el Medio Oriente y desacreditar a los líderes de la región y de Irán en particular”.

El conocido periodista investigador Wayne Madsen (3 de diciembre de 2010) coloca en relieve las ditirámbicas adulaciones vertidas por Julian Assange al primer ministro israelí Bibi Netanyahu en una entrevista a la revista Time: “Netanyahu cree que el resultado de esta publicación, que hace públicos los sentimientos que tienen varios en forma privada, prometen muy bien… y llevarán a alguna forma de incremento en el proceso de paz en el Medio Oriente y particularmente en relación a Irán”.

Se supone que Assange andaba a salto de mata. Al menos que estuviera pegado imperturbablemente al internet y leyera sólo la prensa israelí, mientras desdeñaba la prensa de Irán, de los 22 países árabes y de las naciones islámicas. Entonces, ¿cómo se ha podido enterar de la peculiar opinión de Netanyahu?

Lo menos que se puede decir en beneficio de Assange es que asombra su sesgo por Israel, en especial por el polémico Netayahu (conocido por su hiperbelicismo) en estos momentos tan delicados.

Mayne Madson ha calificado a Wikileaks como Wikisrael y asevera que forman parte de una operación del Mossad (los célebres servicios de espionaje israelíes) vinculados a los neoconservadores straussianos y “al aparato del lobby judío en el gobierno de Estados Unidos”.

Muy quisquilloso en sus investigaciones, Wayne Madsen apunta los ataques contra el gobierno turco de parte de Martin Peretz, editor de la revista pro-israelí The New Republic y detalla con lujo que “varios de los cables que favorecen a Israel y son hostiles a Rusia y China (…) parecen haber sido escritos en su totalidad (sic) o en parte (sic) o contienen citas de diplomáticos judíos (sic) o políticos designados que tienen lazos estrechos con Israel y su lobby en Estados Unidos: los embajadores (sic) de Estados Unidos en Turquía, Eric Edelman y James Jeffrey; el subsecretario de Estado, James B Steinberg; el embajador de Estados Unidos en Brasil, Clifford Sobel; el encargado de Asuntos de Estados Unidos en Arabia Saudita, Michael Gfoeller; el secretario asistente para Asuntos Europeos y Euroasiáticos, Philip H Gordon; el embajador Daniel Fried; el embajador de Estados Unidos en Canadá, David Jacobson; entre otros”.

Casi para concluir: la agencia Far News (30 de noviembre de 2010) cita al anterior general y jefe de estado mayor del ejército pakistaní Mirza Aslam Beg, quien señaló a la CIA y al Mossad de estar detrás de los ataques contra Pakistán, publicados por Wikileaks.

Concluimos: nada menos que el portal Debka Net-Weekly (3 de diciembre de 2010), asociado presuntamente al Mossad, pregunta cándidamente: “¿A quién sirven las filtraciones de Wikileaks? La diplomacia de Estados Unidos está avergonzada, pero Irán es la principal víctima”.

¿Empieza a aparecer el peine? ¿Es Assange el reverso de la medalla hollywoodense de Osama Bin Laden? ¿Son Wikipedia y Wikileaks el equivalente a Wikisrael? No pasará mucho tiempo sin que lo sepamos.

Por lo pronto, empiezan a ser exhumados en los feroces blogs los vínculos de Julian Assange con la revista británica The Economist y los esclavistas banqueros Rothschild (los inventores del Estado de Israel), que habría que confirmar, lo cual sería definitorio y definitivo.

*Catedrático de geopolítica y negocios internacionales en la Universidad Nacional Autónoma de México

Contralínea 212 / 12 de diciembre de 2010