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miércoles, 9 de febrero de 2011

Egipto: la hora de Al-Jazeera



Egipto: la hora de Al-Jazeera

Redacción
BBC Mundo

Mientras que, en las últimas semanas, el gobierno egipcio les cortaba el acceso a internet a sus ciudadanos a raíz de la ola de protestas populares, muchos recibían las noticias de su propio país a través del canal de televisión Al-Jazeera, con sede en Doha, Qatar.

Como ellos, miles de personas en el Medio Oriente se informaban de los acontecimientos en Túnez, Egipto y otros países de la región a través del canal árabe.

Pero tal vez donde su cobertura ha recibido los más importantes elogios ha sido en Estados Unidos, un país donde Al-Jazeera ha sido blanco de frecuentes críticas desde septiembre de 2001, especialmente por su presentación de las guerras de Afganistán e Irak.

A finales de enero, la influyente revista cultural estadounidense en internet Salon publicó un artículo titulado "La cobertura de Al-Jazeera sobre Egipto avergüenza a los canales por cable de EE.UU."

En él, el comentarista político Alex Pareene compara la cobertura de canales como Fox, CNN y MSNBC con la del canal en inglés de Al-Jazeera.

"Todos tienen periodistas en El Cairo y están presentando imágenes de las manifestaciones en las calles. Pero ninguna está informando sobre la situación de una forma tan convincente como Al-Jazeera en inglés, que tiene reporteros en todo el país", dijo.

Según Pareene, las tres principales redes de televisión por cable de Estados Unidos estaban presentando las últimas noticias con letreros que comenzaban con las palabras "Al-Jazeera informa".

En su opinión, Al-Jazeera en inglés "es, en la actualidad, obligatorio para cualquier persona interesada en los acontecimientos que tienen lugar en Egipto y que están cambiando el mundo. Las redes estadounidenses constituyen apenas un suplemento interesante".

Sin acceso


Irónicamente, como señalaba el periodista de Salon, la mayor parte del público estadounidense no tiene acceso por cable a la red árabe y sólo la puede ver a través de internet.

El canal en inglés de la red, inaugurado en 2006, sólo ha obtenido derechos completos de distribución en tres ciudades de EE.UU.: Washington, la capital, Burlington en el estado de Vermont y Toledo en Ohio.

Hace pocos días, Al-Jazeera lanzó una campaña, a través de su sitio de internet y de la red social Twitter para exigir la distribución del canal en el resto del país.

"Este último mes nos ha mostrado algo que Estados Unidos ya no puede ignorar: millones de estadounidenses quieren ver nuestro canal y entender mejor nuestra región", escribió Wadah Khanfar, director general de la red árabe, en su sitio web.

Este lunes, el diario Kansas City Star publicó un artículo en el que el periodista Aaron Barnhart se queja de que "desde su lanzamiento en 2006, Al-Jazeera en Inglés es el mejor canal por cable que no puedo ver por cable".

Como su colega de Salon, Barnhart asegura que el canal de Qatar "debería avergonzar a todas las organizaciones de noticias por televisión de propiedad estadounidense. Su cobertura en vivo de los enfrentamientos en Gaza en 2009 impulsó a muchas personas a verlo por internet, pero para muchos estadounidenses era todavía una novedad hasta los acontecimientos de Egipto".

"La hora de Al-Jazeera"


Según el diario The New York Times, el papel de Al-Jazeera en los actuales acontecimientos en el Medio Oriente ha sido también influyente en el desarrollo de éstos.

En un artículo publicado poco después de que el foco de las noticias pasara de Túnez a El Cairo, los periodistas Robert F. Worth y David D. Kirkpatrick aseguraron que, en muchos sentidos, "es la hora de Al-Jazeera", entre otras cosas porque "la cobertura agresiva" del canal satelital árabe "ayudó a propulsar las emociones insurgentes de una capital a la otra".

Ellos citaron a un especialista en los medios de comunicación en el Medio Oriente, Marc Lynch, académico de la Universidad George Washington, quien dijo que "la noción de que hay una lucha común a través del mundo árabe es algo que Al-Jazeera ayudó a crear... No provocaron estos acontecimientos pero es casi imposible imaginar que esto pudiera pasar sin Al-Jazeera".

Para Al-Jazeera, el camino por ganar credibilidad en el mundo occidental ha sido arduo.

En público y en privado, algunos de sus periodistas y funcionarios admiten que todavía les queda un largo trecho por recorrer para borrar la imagen prevaleciente en ciertos sectores occidentales, en especial estadounidenses, de que el canal es un portavoz del radicalismo islámico.

Esa imagen se creó en gran parte durante el gobierno de George W. Bush, en especial durante las guerras contra Afganistán e Irak.

En esos momentos, mientras que la mayoría de los periodistas occidentales no tenían acceso directo a las noticias en el terreno, o tenían que viajar "empotrados" con las fuerzas extranjeras, Al-Jazeera era uno de los pocos canales que ofrecía una versión diferente de los hechos.

Esa versión, según la administración Bush no era imparcial y se alimentaba de propaganda antiestadounidense.

Según muchos de los seguidores de Al-Jazeera en el Medio Oriente, fue por eso que Estados Unidos bombardeó las oficinas del canal en Kabul, Afganistán, en noviembre de 2001 y en Bagdad, Irak, en abril de 2003. En ambas ocasiones, el ejército de EE.UU. dijo que los ataques se hicieron por error.

De la BBC a Al-Jazeera


Al Jazeera se estableció en Qatar en 1996 y un gran número de sus primeros periodistas provenían del servicio árabe de la BBC, que acababa de poner fin a su primer proyecto de crear su propio canal de televisión en árabe, debido a desacuerdos en términos de control editorial con la compañía de propiedad saudita Orbit.

Diversos observadores señalan que el formato de los programas de noticia y de actualidad de Al-Jazeera se basó en programas de la corporación británica.

Desde entonces, la disposición de Al-Jazeera a presentar programas de debate sobre una amplia gama de diferencias políticas y diplomáticas inter-árabes ha provocado protestas de los gobiernos de varios países de la región.

Entre otros, las autoridades de Arabia Saudita, Argelia, Jordania, Kuwait, Marruecos, Túnez y Egipto se han quejado de la cobertura de Al-Jazeera.

Pero el favor que no han ganado de algunos gobiernos, lo han obtenido de las audiencias en los países árabes que, encuesta tras encuesta, lo sitúan como el canal más visto.

Aparentemente, hasta en Washington le están prestando más atención a las noticias del canal árabe.

Según informes, cuando el presidente egipcio Hosni Mubarak emitió sus primeras declaraciones a raíz de las actuales protestas, en la Casa Blanca había dos televisores encendidos, uno con imágenes de CNN y el otro de Al-Jazeera.

"Incluso el presidente de Estados Unidos está viendo a Al-Jazeera", escribió el popular sitio web estadounidense Business Insider.

domingo, 16 de enero de 2011

Túnez: colapso neoliberal, alza alimentaria y revuelta Facebook de desempleados universitarios



Bajo la Lupa
Túnez: colapso neoliberal, alza alimentaria y revuelta Facebook de desempleados universitarios
Alfredo Jalife-Rahme
¡Pónganse a temblar, países totalitarios!

Si en Túnez –país apacible, moderno con economía liberalizada, muy educado y uno de los más moderados del mundo árabe de 25 países y territorios, ya no se diga, del mundo islámico en general de 57 países–, su régimen tiránico pudo ser derrocado en tan sólo tres semanas por la valiente protesta universitaria y su legión de desempleados, ergo, cualquier país del planeta puede sucumbir sin excepción a la nueva rebelión juvenil global, que ya habíamos anticipado (ver Bajo la Lupa, 1/4/09 y 2/6/10), como consecuencia del desplome del pernicioso modelo neoliberal, al unísono de la decadencia de EU y su caduco orden unipolar.

¿Quiénes alucinaron que las revoluciones habían sido aniquiladas por las fuerzas esotéricas y barbáricas del mercado neoliberal?

La injusticia atroz de las fuerzas del mercado –es decir, su bancocracia delincuencial: los banksters quienes dominan el sistema financiero y económico global desde Wall Street y la City, y propician el alza especulativa de los alimentos (¿Desató Goldman Sachs la guerra alimentaria global?, Bajo la Lupa, 4/8/10)– está resultando la gran catalizadora de la revuelta exquisitamente juvenil que se está desatando en todo el planeta y ha alcanzado inverosímilmente hasta las calles de Londres –como si los jóvenes desempleados europeos fueran diferentes a sus similares de la periferia explotada.

La historia se repite vengativamente en la antigua Cartago ahora con la novedad tecnológica del momento (Facebook) que usan los desempleados universitarios para contrarrestar la represión gubernamental y el control neoliberal de sus multimedia desinformativos.

La revolución del jazmín en Túnez ha seguido hasta ahora la secuencia de la Revolución Francesa 221 años atrás: alza de los alimentos, revuelta de los desempleados universitarios (los sans-culotte del siglo XXI, los ninis mexicanos) y fuga del monarca republicano Zine Abidine Bin Ali (de un reinado represor de 23 años) con su María Antonieta magrebina: su esposa Leila Trabulse, ex peinadora y trepadora social, quien con su siniestra familia concentró una buena tajada de la riqueza nacional y las privatizaciones neoliberales a costa de las privaciones y hambruna generalizadas, cuya cleptocracia fue expuesta por Wikileaks.

Falta ver si habrá decapitación regicida en la Bastilla tunecina y si luego afloran los jacobinos magrebinos. Porque las revoluciones –sobre todo, las espontáneas y acéfalas–, también se pueden pervertir y quedarse en mera catarsis colectiva coyuntural sin programa para el futuro.

La revolución del jazmín y su celeridad pasmosa han cautivado al mundo árabe de 360 millones, gracias a la estupenda cobertura de la televisora qatarí Al-Jazeera.

Su etiología –en el diminuto país magrebino (163 mil 610 kilómetros cuadrados y 10.5 millones de habitantes) relativamente próspero– fue el alza de los alimentos y la gasolina en medio del desempleo masivo que flagela a sus universitarios y a su clase media, una de las mejor educadas del mundo árabe (con libaneses y palestinos) que ostenta un envidiable lugar 17 mundial en su calidad del sistema de educación superior, según el Reporte de competitividad global (del neoliberal Foro Económico Mundial de Davos).

Su detonador fue la inmolación de Muhamed Buazizi, hoy icono de la revolución del jazmín: universitario desempleado (ya suena a pleonasmo) de 26 años, a quien la policía confiscó las frutas y verduras que vendía por carecer de permiso, en la ciudad central de Sidi Buzid, lo cual dejaba sin sustento a su familia.

La inmolación de Buazizi, imitada por otros suicidios juveniles contestatarios, constituyó la metáfora de la muerte en vida de los universitarios desempleados quienes perdieron el miedo y protestaron en las calles durante tres semanas, pese al uso desproporcionado de la fuerza (120 muertos) por una policía de corte medieval –significativamente reprobada por el ejército–, para conseguir la fuga del tirano republicano apoyado hasta el último segundo por EU y Francia, quienes en un día perdieron a importantes aliados en dos países de origen fenicio en el mar Mediterráneo: Líbano (la eyección del primer sunnita Saad Hariri por el bloque de los chiítas de Hezbollah y los cristianos del general Michel Aoun) y Túnez.

Es la primera vez en la historia moderna del mundo árabe que un tirano es derrocado por las protestas callejeras, lo cual, a juicio de varios analistas, puede provocar un efecto dominó en la región.

El mundo árabe en su conjunto atraviesa por una de las peores crisis de su historia moderna. Sin contar las transiciones sucesorias (Arabia Saudita, Bahrein, Kuwait, etcétera), de sus 25 países y territorios llevo la contabilidad de 11 convulsiones, de diferente etiología y sincronía: desde guerras foráneas (Irak y Yemen), pasando por protestas callejeras a las exorbitantes alzas alimentarias (Argelia, Marruecos, Egipto, Libia y Jordania), hasta balcanizaciones (Sudán y Somalia) y vulcanizaciones (Líbano y Palestina).

Quienes posean petróleo podrán compensar hasta cierto punto las alzas alimentarias, mientras quienes carezcan del oro negro es probable que sucumban a las protestas de poblaciones demográficamente a mayoría juvenil dispuestas a ofrendar sus vidas en revoluciones de supervivencia (específicamente de hambruna), más que genuinamente democráticas.

El analista cristiano estadunidense-palestino-jordano Rami G. Khouri (The Daily Star, 15/1/11) se centra en tres modelos de acción política y cambio a seguir –Sudán, Líbano y Túnez– que comparten un problema común: el existente orden político y económico en el mundo árabe es inestable e insostenible porque no satisface a la mayoría de sus ciudadanos.

Elaine Ganley y Bouazza Ben Bouazza (Ap, 11/1/11) colocan en relieve que los jóvenes desempleados usan el Facebook para coordinar su revuelta en Túnez, país islámico reputado moderado y símbolo de la modernidad, pero incapaz de brindar oportunidades a sus jóvenes. ¿Para qué sirve, entonces?

Insisten en que su modernidad alcanzó a sus mujeres, quienes tienen derecho a iniciar el proceso de divorcio y se les prohíbe portar el velo en lugares públicos (a diferencia de las islámicas tradicionales).

Bin Ali, monarca republicano depuesto, y la familia de su ambiciosa cónyuge (el cártel gansteril de los Trabulse), se olvidaron que un país que aniquila a sus jóvenes apuesta a su inmolación futura y, en este caso, a su propio suicidio en forma expedita.

En entrevista televisiva a Russia Today (10/1/11), Gerald Celente, prospectivista y fundador de Trends Research Institute, consideró que 2011 será el año de la revuelta de los jóvenes mediante Internet.

El peor error de juicio consiste en pretender que la revolución del jazmín y sus inmolaciones regenerativas están confinadas al mundo árabe.

El futuro se rebela y revela al pasado y al presente inviables: hoy el paradigma tunecino se encuentra en los cuatro rincones del planeta como expresión inevitable de la revuelta global de los desempleados juveniles desde México hasta Camerún.