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lunes, 14 de febrero de 2011

Calderón y partidos pactaron ocultar cifras sobre pobreza



Calderón y partidos pactaron ocultar cifras sobre pobreza

Calderón y partidos ocultaron información sobre pobreza. Pactaron no divulgar esas cifras antes de los comicios de 2009, revela cable de embajada estadunidense. Eran datos "políticamente delicados" en 2009; se divulgaron tras los comicios.

Por: Roberto González Amador

El gobierno panista de Felipe Calderón Hinojosa y los partidos políticos de oposición se pusieron de acuerdo en 2009 para no divulgar las cifras sobre el crecimiento de la pobreza en el país hasta después de las elecciones legislativas de ese año, en las que el Partido Revolucionario Institucional logró el mayor número de lugares en el Congreso, según un reporte de la embajada de Estados Unidos en México.

La información sobre pobreza es políticamente delicada. Y es más en época de elecciones. El cable de la embajada estadunidense, proporcionado por Wikileaks a La Jornada, da cuenta de un acuerdo entre el gobierno y opositores para ocultar dichos datos.

El cable cita análisis semindependientes elaborados con cifras oficiales de 2008 para sustentar que la pobreza se incrementó de 42.6 por ciento del total de la población en 2006, año en que Calderón asumió la titularidad del Ejecutivo federal, a 47.4 por ciento en 2008. No se menciona lo ocurrido en 2009, cuando la economía cayó en recesión.

Esta variación, en términos absolutos, implica un aumento de 6 millones de personas, hasta alcanzar la cifra de 44 millones, según datos de dinámica poblacional del Consejo Nacional de Población no citados en el cable, que está dirigido al Departamento de Estado y al Consejo de Seguridad Nacional, así como a los departamentos de Comercio, Energía y Tesoro.

Según el despacho, varios observadores –que tampoco menciona—apuntan a que el incremento en los precios internacionales de alimentos registrado en 2006 es la principal causa de que el número de pobres en México hubiera crecido en el periodo mencionado.

Después de citar las cifras sobre el aumento de mexicanos en pobreza, el despacho, identificado con la serie 09MEXICO2205 y fechado el 27 de julio de 2009, revela:

La divulgación de esta información políticamente sensible fue hecha con retraso, por un acuerdo entre el gobierno y los partidos de oposición, hasta después de las elecciones legislativas del 5 de julio de 2009, afirma.

En la comunicación de la embajada estadunidense no se mencionan nombres de dirigentes de partidos políticos o del gobierno que participaran en el pacto. Ese año los líderes partidistas eran Beatriz Paredes, del Partido Revolucionario Institucional; Jesús Ortega Martínez, del Partido de la Revolución Democrática, y Germán Martínez Cázares, del Partido Acción Nacional.

El texto aporta información que apunta a sustentar la afirmación de un convenio secreto sobre las cifras de pobreza.

Dos semanas después de la elección del 5 de julio de 2009, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (Coneval) dio a conocer cifras sobre pobreza, aunque cubrían 2008.

 Con información de la Encuesta Nacional de Ingreso-Gasto de 2008 (que elabora el Inegi), el Coneval, entidad semiautónoma del gobierno, divulgó su estudio de 2008 dos semanas después de las elecciones legislativas del 5 de julio, añade el texto.

En 2009 la economía mexicana cayó en una recesión que, para la población más pobre, añadió dificultades a la que ya representaba el alza en el precio de los alimentos registrada en 2006 y 2007. Hasta ahora ni el gobierno federal ni organismos internacionales han dado a conocer cifras sobre el número de mexicanos que cayeron en pobreza en 2009. El argumento es que la Encuesta de Ingreso-Gasto, fuente principal para llegar a esta información, sólo se hace cada dos años, en número par. Así, hay información para 2008 y 2010, pero no sobre 2009.

Uno de los retos del gobierno es lograr un crecimiento sostenible para reducir de manera significativa la inequidad y la pobreza, se menciona en el cable. Desafortunadamente, cifras como las mencionadas (sobre el aumento de la pobreza) estaban destinadas a ser usadas en las elecciones y no es sorpresa que el gobierno haya retrasado su difusión.

Publicado en la Jornada en: http://www.jornada.unam.mx/2011/02/14/index.php?section=politica&article=002n1po



El auge de multimillonarios en México, gracias a Salinas



El auge de multimillonarios en México, gracias a Salinas

EU evaluó fortunas de mexicanos que consolidaron sus riquezas con Salinas. Se beneficiaron de privatización de empresas públicas, concluye legación del país vecino. La concentración de esa riqueza atasca al país, señala.

Por: Roberto González Amador

Para la embajada de Estados Unidos en México, varias dinastías de empresarios mexicanos que cada año figuran en la lista de multimillonarios de la revista Forbes deben sus fortunas a la privatización de empresas públicas emprendida por el ex presidente Carlos Salinas de Gortari.

Es lo que afirma un despacho de la legación, cifrado como confidencial, que fue entregado por Wikileaks a La Jornada. Fechado en julio de 2008, a propósito de la publicación anual de la lista de multimillonarios de Forbes, el cable menciona:

“México, país en el que aproximadamente 40 por ciento de la población vive en pobreza, tiene 10 personas en la lista de multimillonarios de 2008 de la revista Forbes. Estos individuos han hecho aportaciones importantes a la sociedad, mediante la expansión de servicios en zonas marginadas y creación de empleos o donativos, pero esta concentración de la riqueza y poder económico dificulta la capacidad del país para aumentar y profundizar su competitividad en industrias importantes.”

El autor del documento, que lleva el aval del entonces embajador Tony Garza, se detiene en la relación de esos millonarios mexicanos con el poder político, pero también apunta directamente al momento en que varios solidificaron sus fortunas: la privatización de empresas realizada durante la gestión de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994).

En 2008 los mexicanos que figuraron en dicha lista son: Carlos Slim (Teléfonos de México), Alberto Bailleres (Grupo BAL), Germán Larrea (Grupo México), Ricardo Salinas Pliego (TV Azteca), Jerónimo Arango (ex propietario de Aurrerá, después adquirida por Wal Mart), Issac Saba (Grupo Casa Saba), Roberto Hernández (ex presidente de Banamex), Emilio Azcárraga Jean (Televisa), Alfredo Harp (ex accionista de Banamex) y Lorenzo Zambrano (Cemex).

En el documento, el diplomático estadunidense que lo redactó se pregunta cómo dichos empresarios llegaron a la lista de Forbes, club en el que el requisito para ingresar es tener una fortuna personal de al menos mil millones de dólares.

Su respuesta: Es difícil hacer generalizaciones acerca de la manera en que estos individuos acumularon su riqueza. Algunos la heredaron, otros la han acumulado con su esfuerzo por mucho tiempo. Mientras unos han asumido la necesidad de la transparencia y de modernas prácticas empresariales, otros prefieren la privacidad y las maneras tradicionales de hacer negocios. Algunos han tomado claramente ventaja de los defectos de las instituciones mexicanas y de sus relaciones con importantes figuras políticas para aumentar su riqueza.

A continuación se afirma en el despacho diplomático:

“Varias dinastías empresariales surgieron en los años de 1990, cuando el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, del Partido Revolucionario Institucional, empezó a desmontar la centralizada economía mexicana. Salinas vendió más de mil empresas estatales, que iban de fundidoras a ferrocarriles.

Desafortunadamente, en algunos casos, esas privatizaciones llevaron a la creación de monopolios privados, que beneficiaron a algunos empresarios y políticos, mientras dejaban al mexicano promedio fuera.

El documento, identificado como 08MEXICO2187, está dirigido por la embajada de Estados Unidos en México al Consejo de Seguridad Nacional; al Comando Sur del Ejército, con sede en Florida; al Comando Norte, y a los departamentos de Comercio, Energía y Tesoro.

El autor asegura que un ejemplo clásico de la forma en que empresarios se beneficiaron de sus contactos políticos durante la privatización de empresas públicas en el gobierno de Carlos Salinas es Teléfonos de México, cuyo principal accionista es Carlos Slim Helú.

Un ejemplo clásico es la privatización de Telmex. Cuando Slim y sus socios adquirieron Telmex, en 1990, el gobierno les dio condiciones extremadamente favorables. No sólo el gobierno de México vendió el monopolio de Telmex intacto, sino estableció barreras a la competencia durante los seis años posteriores a la privatización. De manera similar, Ricardo Salinas Pliego adquirió la empresa estatal Imevisión mediante una subasta en 1993, convirtiéndola después en Tv Azteca.

El cable menciona que los aspectos de esta concentración de riqueza y de poder económico por un grupo de empresarios no pueden ser pasados por alto, porque varios de esos individuos controlan monopolios y oligopolios que lastran el crecimiento económico. Slim, Salinas y otros han usado su influencia para favorecerse de la política económica, favorecer sus intereses empresariales y obstaculizar a sus competidores.

Pulicado en La Jornada: http://www.jornada.unam.mx/2011/02/14/index.php?section=politica&article=004n1pol



sábado, 12 de febrero de 2011

Mayor y único logro de Fox, ganar elección en 2000: cables filtrados



Mayor y único logro de Fox, ganar elección en 2000: cables filtrados


Dejó intactas viejas estructuras y no consiguió reformas necesarias, según análisis de embajada de EU.
Blanche Petrich
Publicado: 12/02/2011 11:47

México, DF. La embajada de Estados Unidos despidió el sexenio de Vicente Fox describiéndolo como lejos de la perfección, en el cable 83079 de Wikileaks. Se trata de un amplio documento de evaluación, en el que además de las opiniones de los funcionarios de la representación diplomática se citan las de observadores políticos mexicanos y estadunidenses. Algunos coinciden en señalar que el mayor y único logro de Fox fue ganar la elección de 2000.

A pesar de que durante su gobierno no logró reformas legales importantes, la historia tratará amablemente al primer presidente panista, gracias a su prestigio como hombre bien intencionado, observa el análisis, que enumera diversos defectos del ex mandatario.

El sexenio de Fox marca el inicio de un periodo de transformación que rompió la vieja liga entre la Presidencia y el PRI; sin embargo, el gobernante de la alternancia dejó intactas las viejas estructuras y no consiguió impulsar las modificaciones necesarias en instituciones políticas y judiciales obsoletas para hacerlas más eficaces.

Según la embajada, el Instituto Federal Electoral, el Banco de México y la Suprema Corte de Justicia de la Nación son las únicas instituciones que parecen estar listas para esta etapa de la joven democracia mexicana. Pero Fox debilitó el poder presidencial a tal grado, que a final de cuentas puso un candado a su gestión.

Electo como un reformador, muchas de sus propuestas –las iniciativas de reforma laboral y fiscal, entre otras– fueron derrotadas ante la falta de cooperación entre el Ejecutivo y las fuerzas políticas.

Fox no tuvo estrategia de gobierno ni visión, experiencia o habilidad política. Ni el país ni sus políticos estuvieron a la altura de la apertura que produjo la derrota del PRI, partido que percibió la debilidad del nuevo presidente y lo desafió en cada oportunidad.

En sus seis años en el poder, Fox encabezó pocas iniciativas propias. No propuso nuevas políticas económica, energética o social. Logros como la ley de transparencia, el mantenimiento de la estabilidad económica o la implementación de programas sociales como Oportunidades fueron iniciativas externas y con frecuencia continuación de políticas anteriores.

El meollo de la animadversión que reflejan los analistas políticos de la embajada estadunidense parece originarse en la indecisión del gobierno mexicano a la hora de respaldar a Estados Unidos a raíz de los ataques del 11 de septiembre de 2001, aunque reconocen que sí hubo respuesta inmediata a las solicitudes de Washington para dar prioridad a la cooperación contraterrorista, con énfasis en la seguridad fronteriza y el tráfico de extranjeros.

El análisis ubica el mayor fiasco de la política exterior mexicana en una de las líneas que impulsó Jorge Castañeda Gutman como secretario de Relaciones Exteriores.

México abrió la caja de Pandora al centrarse en el tema de la migración en lugar de mantenerlo de bajo perfil, según expresó un conocido analista político a los funcionarios de la sección política.

Castañeda también erró al insistir en que el país asumiera un puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU en un momento en el que México no tenía bien definidos sus intereses nacionales, lo que llevó a la representación mexicana a tener desacuerdos con Washington.

La decepción

El desacuerdo más importante que se tuvo en esa etapa en Washington fue el voto del gobierno mexicano en el Consejo de Seguridad en contra de la acción militar unilateral de Estados Unidos en Irak en 2003. El texto incluye la opinión del propio Castañeda Gutman. Cree que ya era tiempo que México asumiera un perfil más alto, pero el gobierno de Fox tenía que comprender mejor lo que estaba en juego en el escenario global.

Las exageradas expectativas de México y Estados Unidos sufrieron una decepción cuando Vicente Fox vaciló ante el cambio del clima global después del 11 de septiembre, señaló la embajada del país vecino. Imagen de archivoFoto Fabrizio León

En conclusión, la misión diplomática consideró que si bien bajo el gobierno foxista México se acercó a Estados Unidos, las exageradas expectativas de las dos partes sufrieron una decepción cuando Fox vaciló ante el cambio del clima global después del 11 de septiembre.

A pesar de la baja calificación otorgada al sexenio foxista, la evaluación de la embajada reconoce que se lograron sistematizar varios rubros de cooperación de las autoridades mexicanas con instituciones estadunidenses en áreas de seguridad.

Por ejemplo, como resultado de la cooperación de la Procuraduría General de la República, la Agencia Federal de Investigaciones y la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada con agencias estadunidenses, fueron detenidas 19 personas definidas como objetivos de la DEA de primer y segundo nivel.

Registra también las acciones que se implementaron bajo el acuerdo bilateral de asociación fronteriza firmado en 2002 (que más adelante se incorporó en la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte). Una de ellas fue el establecimiento de un sistema de monitoreo de pasajeros (Advance Passenger Information System, APIS) en 2004, que permite intercambiar información en tiempo real a los dos gobiernos sobre viajeros percibidos como amenazas potenciales. Esto permitió la captura de cerca de 50 fugitivos.

También se implementó en 2005 un operativo contra traficantes de personas (Operation Against Smugglers Initiative on Safety and Security, OASSIS). Estados Unidos entregó a México 497 casos; el gobierno mexicano aceptó persecuciones contra 300 de ellos.

En la evaluación se destaca la buena relación de las instancias policiacas estadunidenses con el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) y el Instituto Nacional de Migración, y el incremento en los indicadores de acciones antinarcóticos (erradicación de cultivos y captura de cargamentos) en el periodo foxista, mayor en comparación con el de Ernesto Zedillo.

El lavado de dinero, sin embargo, es un campo en el que debería haber más avances –dice el cable–; específicamente nos gustaría ver cambios en los marcos legales para que la Secretaría de Hacienda pueda perseguir estos delitos.

A pesar del promisorio arranque del sexenio, el resultado en materia de respeto de derechos humanos fue modesto, concluyen los analistas de la embajada. En cuanto a los avances democráticos, estiman que los comicios de 2006, controvertidos y sujetos a numerosas acusaciones de irregularidades, erosionaron la imagen de credibilidad de las instituciones electorales que en 2000 fueron consideradas modelo mundial.

Finalmente lamentan que el buen arranque del sexenio, con la firma y adopción de varios tratados internacionales en materia de derechos humanos y combate al tráfico de personas, no se reflejara en una mejor situación interna. Sobre todo, especifican, prevalece el contrabando de inmigrantes que, según se denuncia, involucra a funcionarios de todos los niveles de gobierno.

lunes, 10 de enero de 2011

Alto a la violencia



Alto a la violencia
 
Ante el paroxismo de violencia en el que han desembocado las acciones de la delincuencia organizada en el país y la guerra en su contra en la que se empecina el gobierno federal, resulta inocultable que las víctimas principales del conflicto en curso son la población misma, sus garantías y su seguridad, el tejido institucional y la integridad moral de la República. Las declaraciones reiteradas y los despliegues –aparatosos, pero sin resultados– de fuerzas públicas frente a escenas de barbarie y crueldad como las que se desplegaron el sábado en Acapulco son del todo inaceptables, como lo son, también, la pasividad y la inacción sociales ante esta catástrofe.

Además de los 30 mil muertos en lo que va de la presente administración, algunos saldos visibles de la estrategia oficial en materia de seguridad, legalidad y justicia son, precisamente, la destrucción de la seguridad, de la legalidad y de la justicia en extensas regiones del país, el desvanecimiento de las garantías individuales, el aumento de la impunidad y la multiplicación del poder delictivo en todos los órdenes: de fuego, de cooptación e infiltración, financiero e incluso político.

Las cifras que arrojan la procuración y la impartición de justicia son tan alarmantes como el saldo rojo: en este cuatrienio la gran mayoría de los presuntos delincuentes detenidos han resultado absueltos y liberados, ya sea por deficiencias en la integración de las acusaciones, por corrupción judicial o por una combinación de ambos factores. El resultado es, por una parte, una situación de completo desamparo de la población y, por la otra, la casi total impunidad de los criminales.

Adicionalmente, los datos –incluso los oficiales– permiten entrever que las diversas modalidades de la delincuencia conforman por sí mismas un sector económico, acaso el más pujante en el contexto de una recuperación incierta, en el mejor de los casos, o basada, en buena parte, en las ganancias del narcotráfico, como lo señalan diversos especialistas. El lavado de decenas de miles de millones de dólares cada año tendría que ser suficiente elemento de juicio para concluir que la vía de la persecución policial y militar no puede, por sí misma, derrotar a los cárteles del narcotráfico.

A pesar de los alegatos sostenidos por el discurso gubernamental en el sentido de que la mayor parte de los muertos de esta guerra han sido integrantes de las organizaciones criminales, el derecho a la vida es una garantía individual que corresponde a todas las personas, independientemente de su situación jurídica. Y, en rigor, los cerca de 30 mil individuos que han tenido una muerte violenta en el contexto del actual conflicto eran inocentes, toda vez que no fueron declarados culpables por un órgano jurisdiccional facultado para ello.

La actual administración ya no está en condiciones, en los dos años que le restan, de conseguir algo semejante a logros reales en materia de imposición del estado de derecho, como no sean acciones puramente mediáticas. Puede, en cambio, si se empecina en su fallida estrategia antidelictiva, empeorar la situación de peligro, terror y zozobra en la que viven grandes núcleos de población, comprometer la soberanía nacional más de lo que ya lo ha hecho y propiciar el avance de la desintegración institucional que ya se vive.

La defensa de la legalidad carece de sentido si no se empieza por garantizar el respeto a la más básica de las garantías consagradas en la Constitución: el derecho a la vida. Lo procedente, en consecuencia, no es priorizar el desmantelamiento de los grupos delictivos, sino la pacificación del país.

El gobierno calderonista debe asumir, de cara a la sociedad, los costos políticos de su decisión inicial: el emprender una guerra –la expresión es de sus promotores– contra la delincuencia sin contar con la preparación institucional y operativa necesaria, sin comprender a cabalidad la extensión del problema, sin considerar sus aspectos sociales, económicos y financieros, y sin tener la legitimidad política que se habría requerido para convocar al país a la unidad y la movilización contra las organizaciones criminales.

Por definición, a la criminalidad organizada no se le puede pedir que actúe con responsabilidad, apego a derecho o sentido de Estado. Por su propia supervivencia, la sociedad tiene ante sí el deber de dirigirse a las autoridades para que éstas rectifiquen y empiecen a adoptar acciones concretas para poner un alto al baño de sangre en curso.

domingo, 14 de noviembre de 2010

"La muerte de las noticias reales", según Ted Koppel



Bajo la Lupa
 
La muerte de las noticias reales, según Ted Koppel
 
Alfredo Jalife-Rahme
 
Daniel Tencer, de The Raw Story (12/11/10), enuncia dos días antes a su publicación el artículo en The Washington Post (14/11/10) del célebre Ted Koppel, anterior conductor de ABC News, quien sentencia la muerte (sic) de las noticias reales, debido al ascenso de organizaciones partidistas de noticias, como Fox News y MSNBC.
 
Koppel alega que los conductores de noticiarios como Bill O’Reilly, de Fox News, y Keith Olbermann, de MSNBC, simbolizan la señal de que la sociedad estadunidense ha perdido interés en la verdad objetiva y ahora ostenta un penetrante carácter distintivo que evita los hechos (sic) en favor de una realidad idealizada, lo cual contribuyó en el colapso bancario de 2008, la crisis inmobiliaria y los incontrolables déficit y gasto militar.

Arguye que cuando nuestros contadores, banqueros, abogados, doctores y nuestros políticos dicen sólo lo que deseamos escuchar, pese a la dura evidencia en contra, nos encaminamos al desastre.
EU no se encamina, sino que ya está en el desastre y, lo peor, arrastra al mundo consigo en su naufragio sicológico.

Basa sus asertos en la suspensión transitoria de Olbermann debido a su flagrante contribución financiera a la campaña electoral del Partido Demócrata, pero no dice nada sobre Fox News, que representa el departamento ideológico y logístico de los bélicos neoconservadores straussianos y del mexicanófobo e islamófobo Partido del Té.

Nostálgico de sus buenos tiempos en la conducción del muy exitoso programa Nightline, en ABC News –que solíamos ver cada noche cuando la verdad universal era unipolar y aún no perdíamos nuestra inocencia primigenia– cuando las cadenas de noticias consideraban la colecta y la diseminación de noticias sustantivas y sin sesgo un bien público de confiar. Pero esa fue otra era. Hoy entramos en el nuevo mundo de Wikileaks que filtra, con las limitaciones de su origen oscuro, las verdades incómodas al sistema que instauró la dictadura de la mendacidad deliberada.

Koppel no entiende que la desregulada globalización financierista privatizó metafóricamente a Goebbels: un bien público de la propaganda nazi.

¿Cuál es la diferencia metafísica entre las noticias estatales de Goebbels y la desinformación privada de Fox News?

Según Koppel, el partidismo de Olbermann atrae a sus televidentes (más de un millón cada noche) por lo que sus donativos al Partido Demócrata son consistentes con el mercado.

El mismo Olbermann a su regreso poscastigo de solamente dos días (ya se le estaba derrumbando el rating a su empresa) comentó sin rubor que las viejas reglas de ética profesional se deben adaptar al periodismo (sic) del siglo XXI.

Cita a los conocidos conductores de la televisión estadunidense, quienes se reparten el pastel bipartidista: individuos que sostienen los pilares gemelos del partidismo político y quienes son incitados por sus organizaciones propietarias (sic) debido a que su marca (sic) de análisis y comentario es altamente rentable (¡supersic!).

A mi entender, un axioma infaliblemente indicativo en el siglo XXI del grado de desarrollo político pudiera ser: Dime qué conductores y comentaristas tienes y te diré el nivel de desarrollo democrático de tu país.
Comenta que el éxito comercial (sic) de Fox News y MSNBC es una fuente de tristeza no-partidista para mí.

¿Ya no puede vivir un comentarista apartidista en EU en la fase de la privatización –estuve a punto de escribir privación– de los multimedia y su lógica financiera?

Reconoce que la objetividad absoluta (sic) es inalcanzable, pero que tampoco Fox News ni  MSNBC lo intentan siquiera al practicar “un periodismo que es lo que representa Bernie Madoff para las inversiones”. ¡Uf!

Muy binario, contrasta los hechos frente a las opiniones que se han apoderado de los noticiarios porque son muy baratas (nota: en costo, obviamente, mientras dispongan de sialismo irrefrenable) y dejan mucho dinero sin importar las virtudes y/o defectos de sus oráculos (nota: la mayoría de muy bajo nivel intelectual; ahora sí que sus mediocres currículos hablan más).

A su juicio, el deterioro –la contaminación financierista de los noticiarios– se inicia con el programa 60 minutos, de CBS, en 1968, cuando los dueños se percataron del gran negocio que constituye difundir noticias (nota: también no propalarlas y censurarlas es otro gran negocio).

Pronto las tres grandes cadenas de entonces –CBS, NBC y ABC– crearon noticiarios como centros de lucro y perdieron tanto su inocencia como el temor a la revocación de sus licencias conforme se asentaba la privatización.

Admite que la transición de las noticias de un servicio público a una rentable materia prima (sic) es irreversible cuando la competencia ha arreciado.

Más allá de la ineludible axiología, por lo menos el televidente estadunidense tiene la oportunidad dicotómica de seleccionar entre Fox News, de extrema derecha, y MSNBC, inclinada a la izquierda –cosa que no ocurre en países del unidimensional totalitarismo mediático, como el muy primitivo México neoliberal.

El grave inconveniente es que las noticias privatizadas han contaminado el acto democrático, a fortiori en EU, donde la añeja democracia ateniense ha sufrido una transmogrificación bursátil que altera los medios (en el doble sentido) y los fines de una (s)elección genuinamente ciudadana.

¿Es irreversible la bursatilización de la muy sui géneris democracia estadunidense, de características aún decimonónicas, que en realidad oculta la verdadera plutocracia que reina desde Wall Street?

Daniel Tender comenta que Koppel esboza una pintura lúgubre del futuro de las noticias al argüir que aún los nuevos consumidores tienen mayor selección en los medios que antes, lo cual desemboca en la fragmentación del público de EU, debido al efecto multiplicador de la tecnología y el mercado.

Aunque su obituario sea atractivo por provenir de las entrañas del Minotauro al que perteneció, Koppel se queda en las asíntotas muy tangenciales del neototalitarismo multimediático –sea público o privado y mientras no sea interactivamente ciudadano– que tanto temió el epistemólogo Karl Popper.

Los hechos señalan que el imperante neototalitarismo multimediático en EU sufrió su transmogrificación en conjunción a su privatización bursátil y, más que nada, mediante la desregulada globalización financierista que comporta(ba) una característica trasnacional, gracias a su enorme penetración satelital metafronteriza, de exportar noticias confeccionadas para los fines últimos del dominio militar planetario de EU –cuando el principio de realidad (la madre de la salud mental) se volvió impermeable a las mentes desquiciadas de su sociedad permanentemente engañada por sus mendaces multimedia consagrados a elaborar espejismos.

La complicación ahora radica en cómo una sociedad inoculada con tanta mentira –que usó para librar sus guerras geoenergéticas (v. gr. desde el 11/9 hasta las inexistentes armas de destrucción masiva de Saddam)– puede ser desintoxicada para recuperar el juicio de realidad y retornar al sendero de la verdad luminosa.

La optimización democrática del siglo XXI pasa ineluctablemente por el control y dominio de los multimedia masivos de comunicación.
 
 

martes, 9 de noviembre de 2010

Homenaje a Naranjo



Homenaje a Naranjo
Elena Poniatowska
 
José Guadalupe Posada, José Clemente Orozco, Manilla, Escalante, Picheta, El Chamaco Covarrubias, Andrés Audiffred, El Chango García Cabral, Rafael Freyre, Arias Bernal, Eduardo del Río (Rius), Abel Quezada, Gabriel Vargas, Rafael Barajas (El Fisgón), Ahumada, Rocha, Magú, Helioflores y Hernández nos han dado un nuevo lenguaje, una capacidad de síntesis, la posibilidad de comprenderlo todo en un minuto. Nos han flechado. Quizá sea cierto aquello de que una foto dice más que mil palabras, pero una caricatura sacude nuestras neuronas y nos hace reflexionar. Un dibujo inteligente nos revela de golpe lo que antes era oscuro y nos hace llegar a la conclusión de que el mundo sería mejor si lo dirigieran los caricaturistas.

Lástima, en vez de presidentes caricaturistas a Latinoamérica y el Caribe le han tocado puros personajes caricaturescos; desde el Doctor Francia hasta Juan Vicente Gómez, desde Trujillo hasta Somoza, desde Porfirio Díaz hasta Duvalier, desde Gustavo Díaz Ordaz hasta Vicente Fox. A través de Naranjo los mexicanos pueden reconstruir la magnificencia irrisoria, como la llama Marco Antonio Campos, “de los gobiernos priístas y de sus presidentes megalómanos que cavan el abismo del país (…) Seguramente la tarea desacralizadora de la figura presidencial empezó entre los ‘moneros’ con Rogelio Naranjo, pero nadie, en los últimos, ha hecho una labor tan sistemática de piqueta”.

Los dibujos de Naranjo, tan maravillosamente acabados y precisos, actúan como relámpagos y son un ábrete sésamo. Son una enseñanza implacable que nos vuelve menos torpes en el andar. Si el inglés John Berger nos enseña a ver con ojos nuevos en su Ways of seeing, Rogelio Naranjo nos abre la puerta del entendimiento más fino. Nada en él es vulgar o fácil y todo detalle se vuelve portentoso. Portentosos los rostros hambrientos bajo el sombrero de paja y el rebozo, portentosos nuestros ex presidentes que sólo pasarán a la historia por ser caricaturizables; portentosos los múltiples retratos de Carlos Monsiváis, Tina Modotti, Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, Renato Leduc, Juan Rulfo, Efraín Huerta, Rosario Castellanos, Tito Monterroso y Carlos Pellicer.

Sin el dibujo político, nuestra capacidad crítica y de protesta flotaría sin lograr concretarse. Sin el dibujo político no tendríamos la posibilidad de sonreír y reír, sin el dibujo político el humor del pueblo de México se perdería y hasta perderíamos los rasgos del carácter que finalmente nos salvan. Sin el dibujo político no estaríamos protegidos bajo las miles de finísimas rayitas que distinguen los dibujos meticulosos, pulcros, de Rogelio Naranjo, que tal parece oficiar en un altar, sobre un papel como hostia de primera comunión.

Acólito michoacano, la Universidad Nicolaíta dio a Naranjo una disciplina admirable y lo hizo leer historia, que lo apasionó a muy temprana edad. También le enseñó a reflexionar, a tolerar, a no inmutarse y a venerar la mesa de trabajo.

Naranjo causa asombro porque, además de elevar la caricatura a nivel de Arte Mayor, sus cartones son dramáticos. Hacen llorar. Sus personajes consentidos, el campesino y el obrero, con sus ojos hundidos, su piel que apenas alcanza a forrar los huesos, inspiran tristeza. El propio Naranjo es muy dramático. Él mismo ha dicho que le sale el coraje cuando ve la diferencia entre ricos y pobres en México. Hay ricos y pobres en todas partes, pero en México son sumamente ricos contra sumamente pobres.

Rogelio Naranjo se juega la vida, se acerca mucho al toro, apuesta su corazón en cada una de la infinidad de rayitas que condenan los abusos del poder. Alguna vez el padre de la autonomía universitaria, don Alejandro Gómez Arias, dijo: A este hombre lo van a matar. Gómez Arias no podía prever que en su país, México, asesinarían a más de 50 periodistas mexicanos en un sexenio. Naranjo siempre supo que su profesión era peligrosa, pero las estadísticas de México rebasan con mucho las de otros países. Por eso queremos reiterarle que nosotros, como las millones de rayitas con las que nos ha cubierto, somos su valla protectora, somos escudos y también escuderos para que él siga con sus más de 10 mil cartones abofeteando la faz de gobernadores, caciques, empresarios, latifundistas, guaruras y cortesanos.
 
 

lunes, 25 de octubre de 2010

Correa: desde el primer día, el acoso a mi mandato



  • En el país todos los cuadros de inteligencia trabajaban para la CIA

Hay grupos con vinculación política a los que no les interesa la democracia, sino mantener sus conductas represivas, afirma


  • No podemos claudicar ante balas asesinas; sería traicionar a los que murieron el día de la intentona golpista, señala
 
Blanche Petrich
Enviada
Periódico La Jornada
Lunes 25 de octubre de 2010, p. 2
 
Quito, 24 de octubre. El presidente Rafael Correa llega con un poco de atraso a su oficina en el Palacio de Carondelet, donde ha citado a La Jornada, porque antes ha ido a visitar en el hospital infantil a un niño de 11 años que el 30 de septiembre, entre el caos y la violencia desatada, recibió un disparo de bala expansiva en la pierna. El chico sufrió dos paros cardiacos pero por fin, casi al mes de los sucesos, se restablece satisfactoriamente.

Durante la entrevista Correa se expresa a ratos con una franqueza poco común en jefes de Estado: Estamos ciegos, en ceros, en materia de inteligencia para la seguridad interna. Indignado con los sectores que participaron en la conspiración, incluidas las organizaciones indígenas que ahora hacen política en alianza con la oposición de derecha. Cauteloso antes de avalar la lealtad de las fuerza armadas a su gobierno: se portaron muy profesionales. No todos, pero en general. Ahí también hay infiltración.

Basta con ponerle el tema de las horas de peligro que vivió el 30 de septiembre sobre la mesa para que reviva con vehemencia y evidente tensión los tres o cuatro momentos en los que sintió que podía morir, sobre todo durante el tiempo que estuvo retenido en el Hospital de la Policía: “Hubo un momento en el que lo único que hice fue rezar un padrenuestro y acostarme en el piso de la habitación. Más que miedo sentía indignación por la traición de esa gente. Y tristeza. Si me tocaba morir dejaba este proceso a medias, dejaba a mi familia, mis hijos.

En una sociedad civilizada, con gente como los golpistas no se conversa: se aplica la ley. Desencantado: Yo me siento como un perdedor; todos perdimos. Y retado: No vamos a claudicar, vamos a radicalizar este proceso. Es una deuda con la ciudadanía heroica que salió a la calle a defender la democracia.

Pero lo que de verdad lo enoja es la estrategia de sectores conservadores, repetida por medios de peso como CNN y The Washington Post, de negar que lo de hace un mes fue un complot: “Niegan el intento de asesinato del presidente, niegan que estuve secuestrado, dicen que esto es un show. ¿Quién se puede tragar esa piedra de molino? Ahí están las pruebas, ahí están los muertos, ¡por Dios!”

Es un dolor personal. Y se le nota. Alguien cercano al presidente nos contaría que en las primeras horas del conflicto, cuando se presentó al regimiento Quito para atender la protesta de los policías y se vio acosado y gaseado por éstos, uno de los sublevados llevaba un bate y le lanzó un golpe que iba directo a su rodilla lesionada, que lo tiene ya desde hace meses entrando y saliendo del quirófano, usando muletas y hasta silla de ruedas. Un escolta se interpuso. Le fracturaron el tobillo.

Más tarde otro guardia, uno de sus más cercanos, se quitó el chaleco antibalas para colocárselo al presidente. Le tocó una bala en la espalda y se teme que quede parapléjico. Finalmente, otro más, joven del Grupo de Operaciones Especiales, cayó abatido en el momento del rescate cuando cubría con su cuerpo la ventanilla de la camioneta sin blindaje en la que sacaban al presidente en medio de un intenso tiroteo.

Después de Zelaya, el siguiente soy yo

–Después del golpe a Manuel Zelaya, en Honduras (28 de junio 2009), usted declaró: yo soy el que sigue. ¿Qué señales veía usted entonces?
–Desde el primer día de mi gobierno vivimos una conspiración permanente, como todos los gobiernos del cambio en América Latina. Qué casualidad que somos nosotros –2002 Venezuela, 2008 Bolivia, 2009 Honduras, 2010 Ecuador– los que hemos sufrido intentos de golpe. La posibilidad de que esto sea casualidad es nula. ¿Por qué? Porque estamos cambiando las cosas.
–Sorprende la forma en que usted reconoce que las estructuras de inteligencia han sido penetradas por la CIA.
–Es que es así. Cuando yo llego al gobierno, sinceramente, por mi origen académico, ese tema ni siquiera era una prioridad. Fue mi gran error. ¿Qué es lo que me devuelve a la realidad? El primero de marzo de 2008, cuando tuvimos evidencia de que las instancias de seguridad del Estado ecuatoriano conocieron con anticipación del ataque colombiano a Angostura y no nos informaron. Le avisaron a la embajada de Estados Unidos.
“Ahí nos damos cuenta de que esas unidades recibían presupuesto de EU. Se forma una comisión que se pone a investigar y entre sus recomendaciones está desmantelarlas. Tenemos evidencias de que su jefe, el coronel Mario Pazmiño, era empleado de la CIA.
Cuando lo despido y decidimos que somos nosotros los que vamos a nombrar a la directiva de la unidad, la embajada de Estados Unidos decide llevarse el equipo que había dado. Pero los directores no sólo les dan los equipos, sus camionetas, las computadoras, sino ¡la información de las computadoras! Imagínese el servilismo de esta gente.
–¿Qué tan grande fue el boquete que se le hizo a la seguridad interna?
–Quedamos en cero. Todos los cuadros de inteligencia trabajaban para la CIA. Hemos tenido que buscar cuadros alternativos, algo que no se forma de la noche a la mañana. Recién en 2009 logramos aprobar la ley del sistema nacional de inteligencia.
–¿Esta debilidad es lo que se manifestó el 30 de septiembre?
–Por supuesto. Hubo traición en ciertos sectores de inteligencia de la policía.
–¿Y de las fuerzas armadas?
–También. El partido Sociedad Patriótica estuvo involucrado. Su origen es militar. Hay núcleos duros que, según consta en el informe de la Comisión de la Verdad, atentaron contra los derechos humanos y se sienten identificados con estos partidos.
–¿A esta hora usted puede confiar en la lealtad de las fuerzas armadas?
–Bueno, se portaron profesionalmente. No todos. Y en general tienen un agradecimiento con este gobierno, ya que les hemos duplicado el salario, los hemos equipado. Cuando llegamos los encontramos en un estado de indefensión. Sólo 7 mil, de 42 mil policías, tenían armas. Los dotamos con patrullas, municiones, equipos de telecomunicaciones. Lo mismo en la Fuerza Aérea. Al principio no teníamos prácticamente nada, ni helicópteros. Ahora tenemos ya 14 Super Tucanos.
Pero hay grupos duros con vinculaciones políticas a quienes no les interesa ni la Fuerza Aérea ni la democracia, sino mantener sus privilegios y sus conductas represivas.
–¿Que mecanismos tiene la ciudadanía para defenderse de conspiraciones de este tipo?
–En esto Hugo Chávez y Evo Morales nos llevan ventaja. Chávez viene de una formación militar, conoce de esto y ha transformado el inmenso capital político que tiene en estructuras organizadas. Evo viene de los movimientos sociales, de una larga lucha, y tiene el apoyo de todas esas bases. En Ecuador el proyecto de Alianza PAIS es una reacción de la ciudadanía ante tanto desastre, tanto saqueo. Y sinceramente no soy experto en cuestiones militares o policiacas. El desafío de la revolución ciudadana es transformar el apoyo popular que tenemos en estructuras movilizadas como la mejor manera de disuadir estas intentonas.
Desencuentros
–Usted viene de la academia, pero de la mano de un movimiento popular. Ecuador en los 90 fue pionero en la participación del movimiento indígena. ¿Ésa ya no es la base de su gobierno?
–Tenemos el apoyo de muchos movimientos sociales, pero cuidado: se ha manoseado mucho el nombre de movimiento social. Ahora cualquier cosa es movimiento social, cuando muchos de sus dirigentes son en realidad políticos fracasados que perdieron en las elecciones y hacen política desde sus estructuras para imponer su agenda.
“Hay un movimiento social e indígena que está con el status quo, con la derecha. Hay que separar la miel de la cizaña. Tiene razón en que el despertar del movimiento indígena de Ecuador en los 90 fue el movimiento social más importante de América Latina. Y nosotros estamos con ellos.
Pero se ha distorsionado mucho esa pureza inicial. Ese movimiento hizo un partido político, Pachakutik. Su directiva está tomada por ciertos líderes que votan con la derecha, y el 30 de septiembre pedían la renuncia del presidente. Es una pena enorme. La CONAIE y Pachakutik han perdido totalmente la brújula.
–El primer pronunciamiento de la CONAIE fue de rechazo al golpe.
–Después se desdijeron. Los asambleístas de Pachakutik estuvieron y están con los golpistas. Tibán hace unos días usó expresiones muy groseras. Dijo que si el presidente hubiera muerto no era por valiente, sino por cojudo. Su hermano, dicho sea de paso, es policía y está preso.
–¿Descarta usted un rencuentro con estos sectores?
–No. Yo estoy abierto. Pero ojo: movimiento indígena como proceso histórico de emancipación, ahí estamos totalmente de acuerdo. Nuestro gobierno es de los indígenas. En las elecciones pasadas donde sacamos mayor votación fue en la provincia de Embaburo, con mayor población indígena del país. Con los dirigentes de la CONAIE, con su miopía, con las barbaridades que han dicho –me han llamado genocida, xenófobo, etnocida–, con ellos va a ser muy difícil.
Obama, de confianza
–Habla de la penetración de la CIA, pero no del gobierno estadunidense. ¿Cual fue su papel en este episodio?
–Como gobierno, yo creo que Estados Unidos aquí no intervino. No excluimos la participación de ciertos sectores que actúan incluso contra el presidente Barack Obama. De ellos no tengo ninguna prueba, pero no excluyo que hayan intervenido de algún modo. Lo que sí excluyo, por la confianza que les tengo, es a Hillary Clinton y al presidente Obama.
–¿Dice que es de confianza su relación con Obama?
–Él me llamó un par de veces después del 30, muy cortés, preocupado por lo que se decía en ciertas publicaciones. Me aseguró que no tuvo nada que ver. Le respondí que no tenía que darme explicaciones. Es buena persona, pero no ha podido cambiar la inercia de gran parte del aparato político de Estados Unidos.
–La versión de que el 30 de septiembre no hubo un intento golpista ha encontrado mucho eco. La duda ha calado. ¿Qué se pretende negando las evidencias?
–La ignorancia de la derecha y de ciertos medios de comunicación es tal, que ni siquiera conocen que una de las categorías básicas de sociología política latinoamericana es que cualquier levantamiento de fuerza pública ya se considera un golpe de Estado. Lo que hubo fue una agenda política que se puso en marcha desde el momento en que yo llego al Regimiento Quito y cercan la caravana presidencial. Ahí estaba el lugarteniente del coronel Lucio Gutiérrez (ex presidente golpista y derrocado a la vez, fundador del partido opositor Sociedad Patriótica), Fidel Araujo, con chaleco antibalas dirigiendo la operación. (Araujo fue detenido sin derecho a fianza el 5 de octubre). En sus declaraciones ha dicho que estaba ahí porque había ido a visitar a su mamacita que estaba cerca.
–¿Por qué esta estrategia?
–Porque nos tratan de desacreditar. Niegan el intento de asesinato, que estuve secuestrado. Ahí están las pruebas, ahí están los muertos, los registros de las telecomunicaciones de las radiopatrullas con la orden maten a Correa. ¿En una protesta policial por mejoras salariales tratas de tomarte las antenas de televisión, la televisora oficial, cierras el aeropuerto? Creo que con estas mentiras están cayendo en ridículo. En buena hora.

De La hoguera bárbara y la cercanía de la muerte

–Estos días, a propósito del plan B, el del magnicidio, hay quienes han recordado el libro La hoguera bárbara, sobre el brutal asesinato, hace un siglo, de Eloy Alfaro.
–El relato de Alfredo Pareja sobre cómo arrastraron hasta la muerte a nuestro líder liberal. No, no me voy a comparar con Eloy Alfaro, el único que ha hecho una verdadera revolución en este país y que para nosotros es una inspiración. Pero esto que pasó el 30 sí tuvo mucho de bárbaro. Vengo de visitar a un niño que a tres cuadras de aquí fue herido ese día. Estos desalmados le dieron 17 balazos a una ambulancia, hirieron al conductor y al asistente y en esa balacera una bala le atraviesa la pierna al menor.
–¿Qué pasó por su cabeza, pensó que de verdad podía morir?
–Sí, claro, no en uno, sino en varios momentos. Ahora sé que cuando a mí me llevaban al hospital, entre los gases y los sublevados que me golpeaban, el director del Hospital de la Policía (César Carrión) mandó poner candados para que no pudiéramos entrar. La seguridad mía tuvo que rastrear el área, penetró por otro lado, quitaron los candados y abrieron. Luego declaró a CNN que yo no estuve secuestrado, sino que estuve perfectamente atendido.
“¿Cual es la verdad? Que cuando nos llevan a emergencias no nos dejan salir, tuvimos que refugiarnos en el tercer piso con la poca seguridad que tenía en ese momento y cerramos la puerta. La quisieron tumbar. Siempre estuvimos acorralados, hasta que llegó una unidad de elite a darnos resguardo.
Hubo tres o cuatro momentos en que sí sentí la muerte muy cerca. Uno, cuando golpeaban la puerta del tercer piso estos salvajes para buscarnos. No nos venían a saludar, ¿verdad? Y después...
Correa se detiene unos segundos, da un gran suspiro. Es notorio que está reviviendo momentos de gran intensidad. Se repone instantáneamente y sigue:
“Después viene mi seguridad y me dice que interceptó comunicaciones con la orden de matarme, que ya vienen, están subiendo francotiradores. Se oía la balacera. Yo lo único que hice fue rezar un padrenuestro y acostarme en el piso de la habitación.
“Otro momento fue durante el rescate. Balas por todos lados. Llegaron a rescatarme en una silla de ruedas, tengo 25 puntos en la rodilla de la última operación. No se podía salir por la puerta principal. Tuvieron que esconderme unos 10 minutos en un cuartito de limpieza, oscuro. Dieron la orden de salir por atrás y ahí también nos balearon. Con todo mi equipo sentíamos la muerte muy cerca, pero hubo mucha serenidad.
–Perdón por la pregunta, pero ¿qué sintió?
–Más que miedo, una indignación enorme por la traición. Y tristeza. Si me tocaba morir dejaba este proceso a medias, dejaba a mi familia, mis hijos. (sacude la cabeza casi imperceptiblemente.)
Hubo cinco muertes y decenas de heridos entre mi gente. Es un verdadero milagro que esté vivo, porque ¡cómo nos dieron bala!
–Políticamente, ¿cómo se siente ahora? ¿Cuales son las perspectivas de su proyecto?
–Dicen que el 30 de septiembre hubo una victoria porque aumentó nuestro índice de popularidad. Pero yo me siento un perdedor. Renunciaría a esos puntos de popularidad si pudiera volver a la vida a estos jóvenes que murieron ese aciago día. Tengo a mi escolta en un hospital en Estados Unidos. Dios quiera que no quede parapléjico. Todos perdimos.
–¿Es hora de cambiar, de frenar la revolución o, por el contrario, de radicalizar algunas medidas?
–Por supuesto, radicalizar. ¿Cambiar qué, por qué? Si tenemos más apoyo que nunca. No podemos claudicar ante balas asesinas. Sería traicionar a los que murieron ese día, a esa ciudadanía heroica que salió desarmada a defender la democracia. Reconciliar con criminales es imposible, eso sería permitir la impunidad. Vamos a continuar. Aún más: radicalizaremos la revolución.

domingo, 3 de octubre de 2010

La izquierda en AL no es golpista, sostiene Lula



Entrevista con Luiz Inacio Lula da Silva, Presidente de Brasil
  • Sueño con una América Latina más fuerte
  • Asegura que se puede gobernar sin reunirse con dueños de medios de comunicación
  • Soy un hombre de izquierda, de convicciones, de principios...

Carmen Lira Saade
Periódico La Jornada
Domingo 3 de octubre de 2010, p. 2

Brasilia. –Señor Presidente, ¿es golpista la elite política de su país y en particular la poderosa elite periodística de Brasil, como insinúan algunos medios que usted ha llegado a acusar?

–Para que un golpe de Estado fraguado desde el exterior tenga éxito –responde– necesita apoyo interno, apoyo que sólo elites políticas nefastas (que toda nación latinoamericana tiene en su seno) pueden dar. Pero hay que diferenciar: dentro de la elite existen varios sectores: uno se encuentra también con empresarios de alta calidad, empresarios con una fuerte visión nacional y desarrollista. Pero cuando yo digo elite política, me estoy refiriendo a aquellos que deciden el destino del país.

Y Lula rememora los momentos en que esos grupos pusieron en jaque a la gran nación brasileña, orillando al suicidio a un primer mandatario, el presidente Getulio Vargas (1954); acosando, casi hasta el derrocamiento, al gobierno de Juscelino Kubitschek (1956-61), y deponiendo a su sucesor Joao Goulart mediante un golpe militar (1964).

Lula es cauto, pero tras los enfrentamientos recientes que ha tenido con los medios, acaba hablando claro:

“Esa misma elite –amplía el presidente brasileño– es la elite de hoy, con sus herederos directos que obtuvieron no solamente el patrimonio (material), sino a veces, también, el mismo comportamiento y conciencia política” de sus antecesores.

Cuando Lula alcanzó la presidencia, esos mismos grupos esperaron su fracaso: apostaron a “que la izquierda y su obrero metalúrgico iban a sucumbir por su incapacidad para gobernar el país. Pero hemos podido demostrar –dice satisfecho– que se puede gobernar sin almorzar, comer o desayunar con los dueños de los medios de comunicación”, dice contundente. Entiendo y respeto el rol de ellos. Espero que ellos entiendan y respeten el mío.

Sin embargo, en los momentos actuales no puede decirse que el presidente tenga espacios seguros en los diarios, ni tiempos frecuentes en la televisión. Es raro encontrar elogios para él, aunque tampoco lo atacan en demasía, salvo en ocasiones especiales en que el golpeteo deriva en campaña feroz de desinformación en su contra.

No, al presidente de Brasil la elite en el poder de los grandes medios simplemente lo ignora. Y con ignorarlo a él, han olvidado o dejado de lado a grandes sectores de hombres y mujeres trabajadores como los Sin Tierra, del movimiento social-agrario más grande de América Latina, con alrededor de un millón y medio de campesinos sin tierra organizados que no han sido debida y oportunamente atendidos por el gobierno de Lula, a pesar de que, en su momento, le dieron su apoyo electoral.

–¿No se habrá corrido demasiado al centro?, sospechan algunos.
–Yo me considero un hombre de izquierda y los resultados de las políticas que implementamos son todo lo que la izquierda soñaba que se hiciera– sostiene.
“Nunca me gustó rotularme pero –insiste– sigo siendo de izquierda. Soy un hombre de convicciones, de principios” –ha dicho en reiteradas ocasiones–: Sé de dónde vengo, quiénes son los amigos verdaderos, quiénes los ocasionales, a dónde voy y a dónde voy a volver.

Si por los medios de comunicación fuera, nadie tampoco en Brasil se habría enterado de que en los últimos ocho años, el gobierno que él encabeza ha sacado de la miseria absoluta a 27 millones de personas; ni que, simultáneamente, ha elevado a la clase media a 36 millones de brasileños pobres, ni que ha creado, en sus dos mandatos de cuatro años –cada uno–, 15 millones de empleos. No es poca cosa y, sin embargo, nadie de la gran prensa lo cacarea.

Quizás lo que produce mayor frustración entre sus detractores es que estaban seguros que un hombre que venía de la izquierda y del sindicalismo no iba a saber conducirse democráticamente.

La democracia, para mí, no es media palabra, ataja de inmediato… La democracia, para mí, es una palabra entera, sólo que algunos entienden por democracia apenas el derecho del pueblo a gritar que tiene hambre, y yo entiendo por democracia no el derecho de gritar sino el derecho de comer. Esa es la diferencia fundamental, remarca. Democracia para mí es permitir el derecho a la conquista y no permitir sólo el derecho a la protesta.

Luiz Inacio da Silva –Lula para todo el mundo–, el humilde obrero que no habla más idioma que su portugués materno; que no fue nunca a una universidad –no hay universidad, además, que enseñe a gobernar–, ha creado, sin embargo, en el tiempo que lleva en el poder, 12 nuevas universidades y 105 extensiones universitarias para 545 mil nuevos alumnos, 40 por ciento de ellos negros (pobres de las periferias citadinas). Y gobierna, sin más crédito que el que le dio su pueblo, el país más grande y más poblado (191.5 millones de habitantes) de América Latina, donde lleva adelante la mayor acción social y educativa de que se tenga memoria en el sur del continente.

De acuerdo con encuestas nacionales y extranjeras, a estas alturas y tras ocho años al frente de la nación, el presidente Lula tiene una aceptación ciudadana de más de 80 por ciento. Ningún político en el mundo democrático y en medio de la crisis global, cuenta con un reconocimiento siquiera cercano, que a unas horas de las elecciones presidenciales en este su país, ha hecho prácticamente invencible a su ungida candidata Dilma Rousseff, quien puede ganar en una primera vuelta comicial.

A él le costó 12 años y tres elecciones fallidas llegar a la victoria. Cada derrota no traía amargura, pero sí un gran sufrimiento, al que se sobreponía no sin cierta dificultad: Yo perdía en noviembre y ya en enero estaba de nuevo al frente de mi tropa para levantarle el ánimo y volver a recorrer con ella el país, ha dicho el presidente. Teníamos que luchar y perseverar. Fue la perseverancia la que me trajo hasta donde he llegado. La sola evocación de aquellos días trae un brillo a sus ojos.

“Hoy pienso –creo– que ahí intervino el dedo de Dios… Sí, fue seguramente el dedo de Dios el que evitó el triunfo a nuestro favor en las tres elecciones, porque no deberíamos haberlas ganado”.

–¿Por qué?
–Porque nosotros éramos muy radicales en ese entonces. Si yo hubiera ganado, con el discurso tan duro como el que tenía, no habría durado ni seis meses en el poder. “Sí, sí –dice en entrevista de hace unos meses con el Canal Encuentro de la televisión argentina–: fue el dedo de Dios el que nos salvó y salvó al país, porque para llegar a ser presidente tiene que haber en el individuo una evolución de la conciencia política”, subraya. Ya estaba destinado que yo llegara al gobierno de mi país, más fortalecido y con más conocimientos y sabiduría, aunque fuera después de 12 años de intentos, dice a manera de consolación. Y también, diríamos nosotros, con muchas lágrimas (aunque de júbilo), porque, ¡ah, cómo lloró! aquella noche de su primer triunfo (27 de octubre de 2002), en medio de ese salón cercano a la avenida Paulista, al que acudieron políticos de la nueva y vieja guardia; sindicalistas, artistas, dirigentes y militantes de partidos de todo el continente, para celebrar la victoria largamente anhelada por ese hombre que, luego de pronunciar un brillante discurso, quedó mudo y, sin rubor alguno, enjugaba sus lágrimas.

Para algunos –sobre todo para la tropa periodística que lo acompañaba de costumbre– no era extraño ver llorar en público al nuevo líder de tamaño país. Lula es extremadamente sensible. Es un llorón natural, explicaba un viejo conocido. ¡Pero no un cagón!, aclaraba iracundo, por si había malos entendidos, uno de sus múltiples seguidores.

Hoy, ese hombre que todavía al inicio de los años 80 del siglo pasado detestaba la política y que no se interesaba por otra cosa que no fuera su sindicato o, ya con mucho, por la política sindical, se codea con las más importantes figuras de la escena política internacional de su tiempo, como Fidel Castro, quien, dice, le enseñó a convertir un fracaso en una victoria; o los líderes de Rusia, India y China, con quienes ha formado el BRIC, para llevar adelante una política multipolar. Son ampliamente conocidos y reconocidos sus esfuerzos en favor de un nuevo orden mundial, tanto en lo geopolítico como en lo económico.

Pese a ello, dice llevar una buena relación con Barack Obama (quien se refiere a él como un buen tipo).

Antes lo hizo con George Bush (hijo), un hombre que se la pasaba hablándome de Irak todo el tiempo y de la guerra que libraba con ese país. Pero yo no tengo nada contra Irak, señor presidente, le había dicho. Mi única guerra es contra el hambre.

Brasil es, con Lula, muy popular en el mundo árabe e islámico. Se habla de un BIT, la alianza mediante la declaración de Teherán con Turquía e Irán. En esta nación existe una política bien diseñada hacia África, donde Lula ha abierto más de 30 embajadas (México tiene tres), y, en particular, con las antiguas colonias portuguesas, con las que ha entablado excelentes relaciones económicas. Los primeros socios económicos de Brasil son hoy (en orden descendente) China, la Unión Europea y Estados Unidos. Con China, Lula practica una complementariedad geoeconómica. Se calcula que Pekín invertirá en Brasil, durante el próximo cuatrienio, 40 mil millones de dólares por año.

En un reciente artículo publicado en Le Monde, el canciller Celso Amorim se refirió a los grandes ejes de la política brasileña: la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), la multipolaridad, el BRIC, el derecho a usar en forma pacífica la energía nuclear, etcétera.

En los hechos, Lula inicia la restatización de Petrobras y la creación de una supraempresa llamada Petrosal, de propiedad estatal.

El Lula temeroso de los comienzos de sus gobiernos da paso naturalmente a un Lula exultante por tantos éxitos.

A continuación, la versión completa de la entrevista que el presidente Lula concedió a La Jornada, al periódico electrónico de Brasil Carta Maior y al diario argentino Página 12, en el Palacio de Planalto, sede del gobierno brasileño, en la ciudad de Brasilia, pocas horas antes de la asonada policial que intentó deponer al presidente constitucional de Ecuador, Rafael Correa.

En la presidencia se aprende primero a gobernar

–¿Qué diferencia hay con el Lula de 2003 y su relación con el Lula de 2010? ¿Qué le ha enseñado, qué ha aprendido, cómo se ha transformado, en qué ha cambiado con el ejercicio de la presidencia?
–Pienso que en la presidencia se aprende primero a gobernar. Cuando se llega a la presidencia de la república, uno se encuentra con la convivencia de muchos años de oposición, en la cual uno va a un debate, a una reunión y dice a sus interlocutores yo pienso, yo considero, yo creo. Cuando se está en el gobierno, ya no se piensa, no se considera, no se cree; se hace o no se hace. Y el gobierno es una eterna toma de posición. Se aprende a tener más tolerancia y se aprende a consolidar la práctica democrática, porque la convivencia política en la adversidad es una estupenda enseñanza para quien cree en la democracia como un valor inconmensurable en el arte de hacer política. Y eso se aprende solamente ejercitándolo todo el santo día. No creo que haya una universidad capaz de enseñar a alguien a hacer política, a tomar decisiones. Uno puede teorizar, pero entre la teoría y la práctica hay una gran diferencia en el día a día. Pienso que eso es lo aprendido. Por ejemplo, mi segundo mandato, todo el mundo sabe que yo tenía miedo del segundo mandato. Tenía miedo del agotamiento, tenía miedo del aburrimiento, tenía miedo de volver a repetir lo mismo.

“Cuando creamos el PAC (Programa de Aceleración del Crecimiento), en verdad hicimos un transplante de todos los órganos vitales del gobierno, e hicimos un nuevo gobierno, mucho más productivo, mucho más eficaz, mucho más activo, y hay cosas que están pasando. Pienso que eso, para mí, fue un aprendizaje estupendo… Necesito continuar aprendiendo porque pasar por la presidencia, enfrentar las adversidades que enfrentamos, y llegar al final del mandato en la situación en la que estamos llegando, creo que el ejercicio de la democracia fue intensamente practicado. Fueron 72 conferencias nacionales sobre todos los temas, desde la seguridad pública a la comunicación, desde la ‘portación de deficiencia’ al GLBT (gays, lesbianas, bisexuales y transgénero), y todas las políticas resueltas por nosotros fueron resultado de esas conferencias. El pueblo participó activamente en las decisiones y en las políticas públicas del gobierno. Entonces, ese es el cambio fundamental… Y aprendimos a gastar, y aprendimos a realizar obras, a invertir.

“Y la revolución que hay en Brasil, el día en que la prensa brasileña resuelva divulgarla, el pueblo se va a dar cuenta por qué cuando hay encuestas el gobierno aparece con 80 por ciento de aprobación. No es Lula, es el gobierno el que aparece con 80 por ciento de aprobación en el octavo año de mandato.

“¿Cuál es el fenómeno? Porque no depende de la prensa. Si dependiese de la prensa, yo tendría 10, menos 10. Estaría debiendo puntos. O sea, ¿qué fenómeno es éste? El fenómeno es que las cosas llegan a las manos del pueblo. El pueblo está recibiendo los beneficios, el pueblo está viendo que las cosas se llevan a cabo… Creo que ese fue el cambio más grande que he visto del 2003 al 2010.”

–Usted acaba de mencionar algo muy interesante para los mexicanos. Hicimos cosas que algún día la prensa va a divulgar. ¿No fue divulgado por el gobierno?

“En Brasil hay un debate muy interesante. He notado que no es un debate sólo en Brasil. Existe el mismo debate en Argentina y otros países de América Latina. Hasta Obama, cuando tomó posesión, dijo que Fox (News) no era un medio de comunicación, era un partido político. Bueno, yo converso con muchos dirigentes del mundo entero. Todo el mundo reclama. Yo no reclamo demasiado a la prensa porque creo que llegué a donde llegué por la prensa: contribuyó mucho para que yo llegase a donde estoy. Por tanto, soy un defensor de la libertad de expresión y la democracia. Ahora, hay gente que confunde la democracia, la libertad de comunicación, con actitudes extemporáneas. No sé si es algo mundial que no hay noticias buenas, que no venden diarios: tal vez lo que hace que se vendan diarios es el escándalo…

“Yo nunca… yo voy a terminar mi mandato sin haber comido con el dueño de un diario, el dueño de una televisora, el dueño de una revista, durante mi mandato. Mantuve con ellos una relación democrática, respetuosa, entendiendo su papel y buscando que entiendan mi papel. Creo que muchas veces el pueblo conoce las cosas buenas que suceden en este país porque las divulgamos, en publicidades de gobierno, y las divulga Internet, las divulga el blog, las divulga el blog de Planalto; pero a veces, si dependiese de determinados medios de comunicación, simplemente no hablarían sobre eso. Algunos hasta dicen ‘mira, a nosotros no nos interesa hacer esta cobertura oficial, la inauguración de las cosas’. No tienen interés. Puede ser verdad…

“Yo pienso que si el pueblo estuviese mejor informado, sabría más cosas y podría tener un mejor juicio. Entonces, para mí, el arte de la democracia es ése: que las personas tengan seguridad de la calidad de la información, de la rectitud de la información, de la neutralidad de la información. El asunto es que muchas veces, quien ha acompañado a la política brasileña va a percibir que era mucho más fácil que algunos medios de comunicación asumiesen, categóricamente, su compromiso partidario. Ahí la gente sabría quién es quién, pero no funciona así en Brasil. Parece todo independiente, pero basta leer los titulares para ver que la independencia termina donde comienza (la declaración).

“Bueno, es un proceso de aprendizaje, tenemos muy poco tiempo de democracia… estamos viviendo el mayor período de democracia continua en Brasil, a partir de 1988, de la Constitución, a partir de la elección del presidente (José) Sarney. Son veinte y pocos años; por lo tanto, es una democracia muy incipiente, que está muy fortalecida y con instituciones sólidas. Aquí, tuvimos un impeachment y no sucedió nada. Aquí se eligió a un metalúrgico y estamos viendo un avance general en América Latina, creo que eso va consolidando a la democracia, independientemente de los nostálgicos que siempre decían que un metalúrgico no podía llegar a la cima, que un indio no podía llegar a la cima, que un negro no podría llegar a la cima… que una mujer no podría llegar a la cima.

“Estamos rompiendo esos tabúes y estamos demostrando... creo que es eso lo que debía ser valorado: la izquierda en América Latina optó por la democracia, y está llegando al poder en varios países por la vía de la democracia. Y quien da golpes no es la izquierda. No fue nadie de la izquierda que dio el golpe en Honduras. Entonces, la gente necesita saber que si la información fluyera correctamente, esto facilitaría la vida de la gente en la toma de decisiones.

Pienso que en Brasil vamos aprendiendo, y vamos construyendo nuestra democracia y, sinceramente, soy un hombre que no tiene derecho a reclamar, porque voy a terminar mi mandato con la mayor aprobación con la que haya terminado un gobierno. Hay gente que no comienza con lo que voy a terminar. Entonces, tengo que agradecer al pueblo brasileño, agradecer a la democracia brasileña y, por qué no decirlo, a la prensa, porque su comportamiento, a favor o en contra, fue formando un juicio de valor. Sostengo algo que vale tanto para la prensa como para el comportamiento cotidiano: si se está, todos los días, en favor del gobierno, se pierde credibilidad. Pero si todos los días se está en contra, también se pierde credibilidad. Los dos extremos, cuando se tocan, dan como resultado una estupidez. Entonces, hay que hablar de las cosas buenas del gobierno cuando pasan, para tener credibilidad cuando se habla de las cosas malas que pasan y tener la misma credibilidad. Creo que eso es lo que permite el desarrollo y la consolidación de la libertad de comunicación en el país. Es el compromiso con la verdad, solamente la verdad y nada más que la verdad, le duela a quien le duela.

Lula insiste en los resultados de sus ocho años de gobierno en materia de empleo, pobreza y destaca que al mismo tiempo se crearon varios programas “para atender a la parte más pobre de la población; programas simples, pero programas objetivos, como el programa Bolsa Familia, como el programa Luz para Todos, como el programa PPA, que es un programa de compra de alimentos, un programa para la agricultura familiar.

“Esas son decisiones de políticas públicas que no estaban previstas en el escenario político nacional. Creo que el pueblo brasileño vive hoy más feliz, vive mejor y tenemos que ser concientes de que aún falta mucho por hacer en Brasil. Espero que la compañera Dilma (Rousseff) pueda, en los próximos tiempos, concluir el trabajo que comenzamos y que probamos era posible hacer en Brasil, y que hicimos con mucha fuerza y, diría, con mucha eficacia.

“No quiero ser presumido, pero creo que hicimos, desde el punto de vista de la política social, una revolución en Brasil, que aún no ha terminado… porque no se consigue desmontar todo el aparato de exclusión de 500 años en ocho años. Pero tenemos una base extraordinaria, y creo que esa experiencia debe ser conocida en otros países.

“Porque algunas cosas son sagradas para nosotros. Se puede combinar crecimiento económico con baja inflación. En Brasil parecía imposible que eso sucediera. Se puede combinar aumento real de salarios y mantener la inflación controlada, eso parecía imposible en Brasil. Mantener una política de exportación creciente y, al mismo tiempo, una política de fortalecimiento del mercado interno brasileño, ¡eso era imposible que sucediera!

“Todas esas cosas, todas esas cosas demuestran un grado de estabilidad en las políticas que logramos que se mantuviera más de cuatro o más de ocho años consecutivos; ciertamente, dentro de poco tiempo seremos la quinta economía del mundo, porque las condiciones están dadas. Creo que todo eso fue realizado a partir de la relación que establecimos con la sociedad. Me preocupaba, antes de ser presidente, definir cuál sería la relación del Estado con la sociedad y cuál sería la relación del gobierno con la sociedad. Nos llevó algún tiempo para que el segmento más pobre de la población, los trabajadores organizados, pudieran verme, en el ejercicio de la presidencia, como uno de ellos. Hoy, millones de brasileños cuando me ven, me ven como uno de ellos que llegó aquí, y eso dio más credibilidad y más posibilidades de hacer cosas, y también más irritación a nuestros adversarios.

“Como nuestros adversarios están fragilizados en sus partidos, utilizan algunos medios de comunicación para hacer una gran oposición al gobierno, y nosotros, en lugar de ponernos nerviosos, tenemos que estar felices, porque esto forma parte del proceso democrático.

“A veces, tengo la impresión de que había gente que buscaba provocarme para que yo tomase una actitud más ríspida contra cualquier medio de comunicación, para que yo intentara hacer alguna intervención, para que yo intentara… y cuanto más me golpeaban ellos, más democracia; y cuanto más me golpeaban, más libertad de expresión, hasta que todo el mundo se dio cuenta que sólo hay un juez: el lector, el telespectador, el oyente. Son ellos los que nos juzgan. Él sólo va a leer lo que quiera leer y sabe interpretar, sólo va a asistir a lo que quiera asistir y sabe interpretar, y no quiere más intermediarios, no quiere más al tal formador de opinión pública. Ese que se pone una corbata, va a la televisión, da una entrevista y se autodenomina formador de opinión pública y cree que todo el mundo va a seguirlo. Hay un presidente de una Central Única, aquí en Brasil, que representa a millones de trabajadores: él no es un formador. Esas cosas cayeron por tierra.

“El pueblo brasileño no quiere intermediarios. Quiere hablar por su boca, ver por sus ojos y tomar decisiones con su conciencia. Se terminó el tiempo en que la ‘casa grande’ (la hacienda) decía y la senzala (el alojamiento de los esclavos) tenía que obedecer, se acabó.”

–El pueblo brasileño no tiene la posibilidad de escuchar sus discursos, de leerlos, a menos que acuda a un acto político y lo escuche directamente, y a veces la prensa hace de intermediaria. ¿No cree usted que sería necesario tener espacios en que el presidente de la república rindiera cuentas, hablase?
–Mire, temo… me da miedo algo oficial. Eso termina por no tener credibilidad. Puede tener credibilidad durante un tiempo, pero después pierde credibilidad. Tengo un programa de radio de cinco minutos, todos los lunes, que yo ya tengo tiempo para, caramba, tener que hablar seis minutos. El domingo a la noche grabo todo y lo transmite quien quiere transmitirlo, no es obligación. Tenemos la NBR, que es una televisora del gobierno, que divulga íntegramente lo que hace el gobierno, todos mis discursos son transmitidos íntegramente.

“La televisión pública que estamos construyendo todavía está en un proceso de fortalecimiento. No queremos que sea vista como un canal para transmitir actividades del presidente, no queremos eso, porque nadie aguanta eso todos los días. Creo que los medios de comunicación, todos, en el momento en que todos asumimos un compromiso con la verdad, estaremos satisfechos. No creo que el Estado deba tener un medio oficial para transmitir. Creo que el Estado debe tener una televisión pública que tenga una programación de calidad, competitiva en cuanto a contenido, a forma. Creo que el Estado no debe competir con las privadas en cuestión de financiamiento. Lo que el Estado necesita priorizar es, primero, la pluralidad de las informaciones, porque eso es lo que va a dar credibilidad al Estado; y, al mismo tiempo, la seriedad de las informaciones. La televisión pública no tiene que decir que el presidente Lula está de traje blanco o de traje negro; que es bueno con la pelota, o malo con la pelota. Si tiene ese compromiso, puede ser que un presidente u otro no guste, pero la democracia estará agradecida.


jueves, 9 de septiembre de 2010

Las declaraciones de la secretaria de Estado, injerencistas: legisladores



La Hillary nos dice nuestras verdades, y los patriotos masiosares salen con que se disculpe y anexas. Quizá quiere que en vez de compararnos con Colombia, sea con Irak...

Narcoviolecia
  • Exigen enviar nota de protesta a Washington; el PT está de acuerdo con Clinton
EU busca participar de modo directo en México en la lucha anticrimen, denuncian legisladores

Periódico La Jornada
Jueves 9 de septiembre de 2010, p. 4
Las bancadas de los partidos Revolucionario Institucional (PRI), Acción Nacional (PAN), de la Revolución Democrática (PRD) y del Trabajo (PT) en el Senado criticaron las declaraciones de la secretaria de Estado Hillary Clinton de que México se parece a la Colombia de hace dos décadas; advirtieron que conllevan propósitos intervencionistas y resaltaron que el Congreso no permitirá que en el país se ponga en marcha un plan semejante al aplicado en la nación sudamericana.
Pidieron además a la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) enviar una nota diplomática de protesta al gobierno de Barak Obama por las declaraciones de la funcionaria estadunidense, ya que esconden un afán de participar directamente en la lucha contra el narcotráfico.
En el Palacio Legislativo de San Lázaro, diputados de PAN, PT y PVEM demandaron a la cancillería mexicana pedir una explicación al país vecino, ya que la producción y el tráfico de drogas en México tienen origen en el alto consumo existente en territorio estadunidense.
La dirigencia nacional del PAN rechazó la afirmación de Clinton, y negó que haya comparación entre lo que pasa en México y la nación sudamericana.
Por ejemplo, señaló, en ese país, en 2002, cuando ya había avanzado el Plan Colombia, se cometieron 28 mil 837 homicidios y mil 645 ataques terroristas, mientras en suelo mexicano sólo ha habido uno, y hay un número similar de muertes, pero en más de cuatro años.
En voz de Rodrigo Iván Cortés, director de relaciones internacionales del blanquiazul, agregó que en la cuestión territorial tampoco hay equiparación, pues mientras la mitad del territorio de Colombia estuvo en manos de la guerrilla y grupos paramilitares, no sucede eso en México, sin negar la gravedad de la situación que se registra.
Por su lado, la titular de la SRE, Patricia Espinosa, dijo en entrevista radiofónica que no comparte la visión de la funcionaria estadunidense, pues mientras en la nación sudamericana surgió la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) –con una agenda política–, la cual en diversas etapas se vinculó con la delincuencia, en México se trata de crimen organizado.
En contrapartida, Alberto Anaya, dirigente nacional del PT, compartió la crítica de Clinton. Sus palabras, sostuvo, no reflejan más que la difícil situación que vive México. La comparación con la Colombia de hace 20 años, cuando los narcotraficantes controlaban algunas partes del país, es una calificación muy dura y nos confirma que necesitamos un cambio de modelo económico y un gobierno que garantice seguridad a la población. Estamos de acuerdo con lo dicho, porque México es un Estado fallido.
Durante la glosa del cuarto Informe presidencial en materia de política interna, el panista Santiago Creel refutó que la inseguridad y violencia que se padece en el país sea similar a la del Estado sudamericano, y recalcó que no habrá repetición del Plan Colombia en territorio nacional, porque no tiene caso llegar a los mismos o peores resultados.
Recordó que la última decisión del ex presidente Álvaro Uribe fue permitir el establecimiento de bases militares y no se puede dejar pasar el hecho de que no han logrado frenar la producción de cocaína y las FARC siguen controlando parte del suelo colombiano.
El senador del PRI Jesús Murillo Karam denunció que existe un plan de seguridad nacional de Estados Unidos que pretende segregar un pedazo de territorio a México, el del istmo de Tehuantepec, para que sea el cerco fronterizo sur, lo cual daría un espacio peligrosísimo para este Plan Colombia.
El también secretario general del PRI recalcó que el Plan Colombia lo único que resolvió en esa nación fue la violencia en ciudades medias, pero no el problema de fondo, que persiste.
El coordinador de los senadores del PT, Ricardo Monreal, advirtió que el gobierno mexicano debe hacer llegar una nota diplomática de protesta a la administración de Obama por las declaraciones de Clinton, que esconden un afán de intervenir directamente en la lucha contra el narcotráfico, dada la incapacidad mostrada por Felipe Calderón para frenar la ola de violencia e inseguridad.
El priísta Fernando Castro Trenti consideró que la secretaria de Estado debe ser censurada por sus recientes expresiones, ya que pasa por alto que Washington es corresponsable del avance del narcotráfico en México, no sólo por el consumo de drogas en su territorio, sino porque no ha frenado el tráfico de armas a nuestro país.
Pedro Vázquez, coordinador de la bancada del PT en San Lázaro, calificó los dichos de la funcionaria como una actitud injerencista: está observando los problemas en otro país, cuando todos sabemos que son el principal consumidor de droga en el mundo, y son buenos para criticar a otros países y no reconocer que ellos son una parte importante de esta negra cadena de narcotráfico y crimen organizado. El pueblo de México debe rechazar cualquier actitud injerencista del gobierno estadunidense.
El panista Alberto Pérez Cuevas consideró que la secretaria de Estado está obligada a sustentar sus declaraciones: la dinámica de México en materia de seguridad es grave, pero no alcanza los niveles de Colombia.
Cartina Sáenz (PVEM) dijo que debe ser más enérgica la posición del gobierno mexicano ante Estados Unidos con objeto de que frene la venta de armas y no solamente pretenda convencer con un discurso político.

martes, 7 de septiembre de 2010

Con posible síndrome de desgaste ocupacional, 40% de mexicanos


Las leyes laborales mexicanas sirven para dejar pasar un sinfín de atropellos a la clase trabajadora. Aumento de horario, trastornos psicológicos (el clásico "llevarse el trabajo a casa"), noches sin descanso, alboradas desgastantes... y todo por unos cuantos pesos, para irla pasando...

La gente no lo nota porque el trabajo excesivo se ha vuelto hábito: experto de la UNAM
Con posible síndrome de desgaste ocupacional, 40% de mexicanos
Problemas de sueño, dolor muscular, adicciones y ansiedad, algunos de los siete síntomas

Fernando Camacho Servín
Periódico La Jornada
Martes 7 de septiembre de 2010, p. 36
Mi casa es azul es una frase muy sencilla de entender. Más aún si quien la lee es una intérprete que domina el inglés y el francés. Fue precisamente ello lo que dijo a Yolanda que algo andaba mal. Un día ya no la pudo entender. Ni siquiera en español.

Entonces se dio cuenta de que el cuerpo le estaba pasando la factura: años de jornadas laborales de más de 12 horas; amaneceres trabajando cinco días a la semana; comer lo que fuera y cuando fuera; no hacer ningún ejercicio, y cancelar su vida personal por traducir una cuartilla más.

“Una vida de trabajo excesivo y sin rutinas ni límites definidos –define la misma Yolanda– terminó en hipertiroidismo y esclerosis múltiple.” Es un ejemplo extremo de hasta dónde puede llevar a alguien el síndrome de desgaste ocupacional (SDO) o burnout, padecimiento que tienen o podrían tener miles de mexicanos y que muchos detectan cuando ya es demasiado tarde.

Una filosofía laboral perversa

Aunque no es un fenómeno nuevo –comenzó a identificarse a mediados de la década de los 70 en Estados Unidos–, el burnout (que puede traducirse como estar fundido o quemado) es de estudio reciente en México.

Felipe Uribe Prado, especialista en temas laborales de la Facultad de Sicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ha analizado las características de esa enfermedad en los últimos cuatro años, y descubrió que entre 35 y 40 por ciento de la población acepta haber tenido síntomas, aunque el número podría ser mayor.

“El burnout es estrés acumulado que se presenta aun cuando el sujeto ya no está frente a un estímulo estresante y puede hacer que la gente se quede en la cama 12 horas en fin de semana, deprimida, o tenga infartos en domingo, en vacaciones o los lunes por la mañana, cuando el organismo trata de regresar al equilibrio perdido.”

Para hablar con rigor de SDO deben presentarse tres características: fatiga crónica causada por trabajar en exceso o por pensar todo el tiempo en el trabajo; despersonalización de la gente con que se convive (tratar con desprecio a compañeros, clientes, pacientes), y la insatisfacción de logro, sentimiento de frustración y desencanto hacia la empresa por sentir que ésta no les retribuye lo que merecen.

La gente ya no lo nota porque se hace hábito cultural en las empresas, a tal punto que cuando una persona se va a su hora de salida lo ven mal, como burócrata. La filosofía laboral es muy perversa, y en esto las empresas mexicanas son particularmente terribles, señala Uribe.

Aunque puedan parecer lo mismo y en ocasiones se mezclen, la diferencia entre el burnout y los llamados workaholics es que mientras éstos asumen la carga de trabajo voluntariamente y la transforman en vicio, los trabajadores quemados lo viven como imposición agobiante en la que nunca dejan de pensar.

Consumirse poco a poco

El caso de Yolanda fue una combinación de ambas. Comenzó con jornadas extenuantes por gusto, pero también por la dinámica de su trabajo, en la que se gana más mientras más páginas se traducen.

Estaba obsesionada con el trabajo y con ganar dinero, aunque no sabía realmente para qué. Vivía estresada por la sobrecarga de trabajo, y angustiada cuando estaba haciendo algo distinto. Empecé a laborar de las 6 de la mañana a la medianoche, y si había mucho trabajo me quedaba hasta las 4, 6 o 10 del día siguiente, comenta en entrevista con La Jornada.
Esta sobrecarga laboral, aunada a la falta de ejercicio y a una dieta desbalanceada, le causó sobrepeso, dolores físicos, sensación crónica de fatiga, caída de cabello, pérdida temporal de la visión en un ojo y falta de sensibilidad en las extremidades, además de depresión, ansiedad y problemas para hablar o entender ideas sencillas.

Finalmente, en 2008 –con sólo 33 años de edad– le fue diagnosticada esclerosis múltiple, enfermedad en la que numerosas partes del sistema nervioso central se quedan sin mielina, sustancia que hace posible su funcionamiento normal, lo que perjudica la habilidad de conducir impulsos eléctricos desde y hacia el cerebro.

Sólo reduciendo sus horas de trabajo, durmiendo bien, comiendo de manera sana y explorando sus problemas emocionales, Yolanda comenzó a superar los problemas físicos que le produjo el SDO y a recuperar su funcionalidad laboral y social.

Trabajar hasta la muerte

Susana pasó por un trance similar. Su trabajo en una empresa de publicidad la obliga a cumplir con metas de ventas diarias, semanales y mensuales. Ahí cada minuto es dinero, cada operación puede costar millones de pesos, y lo que no se hace hoy ya no se puede recuperar mañana.

A mí me encantaba mi trabajo, pero luego de un tiempo empecé con dolores de cabeza, gastritis, colitis y mareos. Después se me dormía el brazo, tenía zumbidos. Pensé que me iba a dar una embolia, porque sentía la quijada dormida y muy dura, recuerda.
“Empecé a sentirme realmente mal. No podía manejar, no podía levantarme. Me mandaron a urgencias diciendo que era algo del oído, pero el médico me dijo que no era eso, sino estrés. Fue la primera vez que alguien me lo dijo luego de 14 años de estar en la empresa.

Lo peor es que se vuelve un círculo vicioso y ya ni siquiera lo notas. En mi empresa un director falleció de un infarto, saliendo de trabajar, y en otra compañía supimos de un gerente que también murió por eso, y nadie se dio cuenta hasta el otro día, cuando vieron que seguía en su lugar y con la misma ropa del día anterior.

Ahora, dice, ya no me desgasto así. Hago el trabajo que pueda en ese día, y el que no, no lo voy a hacer. Sólo de esa forma, dice, irá recuperando poco a poco la salud y el equilibrio perdido.

Más salud, más dinero

Para evitar que esta enfermedad crezca, Uribe diseñó un cuestionario, en el cual identifica las cuatro etapas del SDO mediante la aparición de siete síntomas: problemas de sueño, trastornos siconeuróticos, sicosexuales o gastrointestinales, dolor muscular, adicciones o ansiedad.

Por lo regular, el burnout se cura simplemente con un buen periodo de descanso, combinado con alimentación adecuada, actividades deportivas y ejercicios de relajación, aunque hay algunos casos en los que el paciente debe ser medicado para controlar daños cerebrales o cardiovasculares.

“En muchas empresas –señala Uribe– sí han entendido que la salud de sus trabajadores equivale a más ganancias. Pero aquí la cultura empresarial es ‘explótalos hasta donde puedas’. Hay un descuido a propósito, y los que ganan son los empresarios, que utilizan a los seres humanos como objetos. Es un problema de salud pública que no quieren reconocer”.