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viernes, 28 de enero de 2011

La Iglesia según Samuel Ruiz



La Iglesia según Samuel Ruiz
Arturo Rodríguez García



MÉXICO, D.F. 28 de enero (apro).- Para el obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas Chiapas, Samuel Ruiz García, la fe trasciende a los jerarcas de la Iglesia, con todo y los privilegios que les dispense el poder político, sus conductas serviles y conservadurismos. Con todo, mantenía la esperanza en que, hasta un Papa como Benedicto XVI, podía aprender.

- ¿Se puede subsistir bajo un Papa como Ratzinger? –se le preguntó.
- Cuando la acción pastoral y el pensamiento no son individuales sino relacionados con el Concilio (Vaticano Segundo) y los documentos (episcopales de Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida) que emanaron de él, es un movimiento de Iglesia y no es personal. Trasciende las situaciones y personalidades concretas -respondió.

La entrevista se efectuó en Monterrey, el 27 de septiembre de 2007, cuando el obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas Chiapas, estaba en la ciudad para participar en el Parlamento Mundial de las Religiones, que formaba parte del Fórum Universal de las Culturas.

La entrevista tenía por objetivo abundar sobre la vida y la obra del extinto obispo de Cuernavaca, Sergio Méndez Arceo, un texto que apareció en el número 1617 de la revista Proceso. Pero el ritmo de sus respuestas condujeron la charla a la visión pastoral y los conceptos que guiaban a Ruiz García, por lo que su registro se mantuvo aparte.

Tolerancia y fe

Las palabras por Méndez Arceo brotaron sin apasionamiento. Considerado el precursor de “la opción preferencial por los pobres” en México, el desaparecido obispo de Cuernavaca, había influenciado a toda una generación de sacerdotes que, para ese 2007, instalados ya en su madurez, daban continuidad a la llamada “teología de la liberación”, en obispos como los eméritos de San Cristóbal, Samuel Ruiz y, de Oaxaca, Arturo Lona, así como el obispo de Saltillo, Raúl Vera López.

La “teología de la liberación”, corriente progresista de orientación marxista, fue convertida por sus detractores en despectivo cliché, particularmente en el norte del país, donde se produjeron abundantes materiales para advertir que “era una amenaza para la estabilidad social y laboral”.

Samuel Ruiz, se hacía presente en Monterrey, una ciudad conservadora, donde las últimas noticias de Iglesia destacaban que, a partir del arribo del cardenal Francisco Robles Ortega -alumno de cardenal Juan Sandoval Iñiguez desde el Seminario de Guadalajara-, se desarticuló la Pastoral Social y se  marginó a los sacerdotes que convergían con la “teología de la liberación”.

Samuel Ruiz García, evitaba sistemáticamente el cliché.

- ¿Por qué parece molestarle que lo califiquen como teólogo de la liberación? –se le inquirió.
- Los teólogos hacen teología, yo me he dedicado a servir a Cristo –atajó.
“Yo he tomado la opción por los pobres y el trabajo en contra de la pobreza, que consiste en ubicarse históricamente en un análisis, no sólo en el método de ver, actuar y juzgar, sino de estar ubicado en el centro de la situación concreta”.

“No tenemos la verdad absoluta”

En el lobby del Hollyday Inn del Centro de Convenciones Cintermex, hotel sede los participantes, Samuel Ruiz destacaba por su discreción. Vestido con un traje gris, cuya camisa blanca lucía sin corbata ni alzacuello, el obispo se abría paso tímidamente en medio de kipás, bompos, turbantes, gorros frigios y túnicas multicolores, de relucientes ornamentos, que portaban hombres de forzada calvicie o de luengas barbas.

Sobre esa pluralidad, expuso en la entrevista:

“Necesitamos aprender la convivencia con otras creencias y salir de la tendencia exclusivista en que vivíamos, porque la fe tiene que tener en su manifestación el respeto a otras creencias, y entender que otras creencias son complementarias de otras, que no tenemos la verdad absoluta sino que tenemos una complementariedad.

“Se trata de respeto: se escucha y se hace saber que hay una parte que yo tengo, que debo atender de la posición de otra persona y que lo que ella tiene, es algo que me falta a mi”, dijo.

- Dada la cantidad de personas excluidas –se le comenta- por posturas religiosas ¿Tendría esa tolerancia, por ejemplo, con las uniones entre personas de un mismo sexo? O con el aborto?
- Los principios morales no se mueven por estadísticas. Y la defensa a la vida debe ser permanente. No porque haya tal o cual tendencia a la eliminación de la vida, podemos decir que la Iglesia tiene que estar a favor de eso -respondió.

Contra el sistema

Los escándalos de corrupción clerical daban vuelta al mundo, con pederastas expuestos por miles de denuncias y una jerarquía, en el caso de México, peculiarmente cercana al poder público de gobernantes de confesión y prácticas católicos con tendencias dictatoriales, como un cóctel venenoso para la fe, Samuel Ruiz  -llamado Jtatik, El Padre, en las comunidades indígenas de Chiapas- mantenía la esperanza.

“Se puede mirar sólo lo negativo y decir todo está mal, pero teniendo una mirada tranquila se puede ver cómo hay movimientos que eclipsan esa maldad. Yo tengo una mirada esperanzadora sobre esto. Particularmente, la solidaridad es una cosa bastante evidente y creciente en todos los niveles”.

Según Samuel Ruiz, la solidaridad vinculaba cada vez a más personas y, si en el pasado no quedaba mas que lamentar lo que le ocurría a otros, en el presente es imposible que ocurra algo sin que obtenga de inmediato el apoyo solidario en distintos ámbitos.

Agregó:

“Hay una perspectiva de una gran cantidad de gente en el mundo, que tiene muy claro que se necesita un cambio de sistema. Lo han dicho con toda claridad,  este sistema llegó a su límite y se necesita que se construya otro. Ya hay acciones y entidades que se mueven en ese sentido, como el comercio justo y la aglutinación de movimientos que inciden silenciosa, pero eficazmente, en una transformación de la sociedad”.

Gobiernos católicos

Para Samuel Ruiz, la postura que guarden los gobernantes independientemente de su confesión, es un accidente histórico. La acción de la Iglesia, según él, se funda una postura que va más allá de la política que quienes se presumen católicos, como Vicente Fox o Felipe Calderón, puedan tener.

“La postura de la Iglesia es previa e independiente a esos gobernantes. La opción por los pobres trasciende porque es la única vía en la construcción del Reino (de Dios) y en esa visión no caben los potentados”.

Su insistencia es a lo largo de toda la entrevista: la posición de la Iglesia no puede sustraerse del Concilio Vaticano II y sus documentos, donde se reitera siempre que la preocupación es el trabajo social.

Entonces aludió a la jerarquía:

“La esperanza no debe estar en que la Iglesia sea favorecida o no por los gobiernos. Los gobiernos son eventualidad histórica y pueden ayudar o entorpecer el trabajo pastoral”.

- Esa proximidad con los poderes terrenales ¿podría repetir condiciones como en las que la Iglesia estuvo del lado de las dictaduras?
- No sería la posición adecuada, ni hay una tendencia hacia allá. Que la iglesia tenga que estar bien en el sentido de colaborar hacia el bien común, evidentemente sí. Puede haber un riesgo de esa naturaleza, que haya una postura servil, pero creo que la posición oficial después del Concilio y los documentos emanados de éste, van en otra línea.

La mirada esperanzadora de Samuel Ruiz, contrastaba con la conducta de obispos y sacerdotes católicos que preferían omitir pronunciamientos respecto a conflictos sociales o injusticias, respecto a un reciente 2006, plagado de convulsiones sociales desde el estallido de la mina Pasta de Conchos en Coahuila, la represión obrera en Lázaro Cárdenas Michoacán, la elección presidencial y el movimiento de San Salvador Atenco.

“Lo que puedo percibir a nivel de pronunciamientos oficiales de la Conferencia del Episcopado Mexicano, y en especial de la Pastoral Social, es que hay una posición que no se da generalizada, pero que si aborda una temática en donde se juega la transformación de la historia.

“Hay posiciones bastante claras y pronunciamientos que ha habido, en momentos específicamente difíciles, donde hay prelados que se han manifestado y tienen el respaldo discreto, pero no negado, de otros hermanos obispos”.

- ¿Hay miedo en la Iglesia a su jerarquía?
- La identidad de una persona, como la idea de una institución, tiene un sustrato que no cambia. Si no, no podría cumplir su misión. El cambio tiene que estar en relación con un sustrato permanente, que es el evangelio, y la respuesta (de los hombres de Iglesia) puede ser variable pero desde el punto de vista evangélico en la construcción del Reino de Dios.

Con un Sumo Pontífice recién estrenado, proveniente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que desde los años 70 persiguió a los sacerdotes progresistas, se le inquierió:

- ¿Ratzinger y quienes se identifican con su línea pastoral inhiben los movimientos de la Iglesia de los Pobres?
- Todo individuo tiene un proceso de adaptación y un Papa también tiene que ir aprendiendo su tarea. Ha habido momentos históricos en este pontificado donde un pronunciamieto se percibe posteriormente como algo que tiene que relativizarse y eso es señal de que hay un aprendizaje en marcha.

        “Si hay una falla sabemos que por eso Jesús dijo yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo. Por lo tanto, la presencia de la Iglesia, no depende de la falibilidad, de la relatividad o de la limitación de una persona, pues ahí estará fuertemente la presencia del Señor a lo largo de la historia”.

Y concluye:

“Sea cual sea, la posición oficial (de la Iglesia) no puede quitar ni hacer a un lado el sustrato permanente, lo vimos en (la Conferencia del Episcopado Latinoamericano de) Aparecida: lo que es
fundamental para Dios y la Iglesia es la opción por los pobres y el trabajo en contra de la pobreza”.

martes, 24 de agosto de 2010

Libros Leídos XLIX: Cristo de Carne y Hueso


Y a todo esto... ¿quién coñas fue Jesús? ¿Existió? ¿Sólo fue un sueño mafufo? ¿Una fabricación de algunos vivales para sacar dinero a expensas de la fe de cientos, al inicio, y millones en la actualidad?

En este hereje libro, el doctor Rius Frius nos regala varias aristas del tema en común: el famoso fundador/reformador religioso, del cual dudo su existencia más allá de un guerrillero esenio, y quizá ni eso.

Revisamos un poco de la historia del pueblo judío; sus orígenes, sus guerras por chivas y territorio de los palestinos de hace cuatro mil años, su muy práctico dios pirateado a los egipcios, y su inmisericorte persecusión por siglos por manos de la iglesia pederasta de cristo, hasta desembocar en el holocausto.

También recalca las notables diferencias entre los evangelios del nuevo testamento, sobre los Rollos del Mar Muerto, con su Jesús guerrillero. Y, por supuesto, su Jesús extraterrestre/gnóstico. Teorías al por mayor de un absoluto desconocido todavía a finales del primer siglo.

A mí se me hace más interesante la parte de la descontinuación de cientos de santos en 1972 gracias a la revolución iniciada por Juanito XXIII en el Concilio Vaticano II.

Y, de pasada, aprovecha para mezclar cristianismo con comunismo, especialidad de Rius...

Insisto, como lo hace el mismo Rius: no es un libro para especialistas. Es para principiantes, para gente que estrena su cerebro y deja de lado la fe. Para gente que no tiene miedo de pensarle, de explorar, de leer, de saber más de su religión dejando de lado la Biblia, a la que siempre recurren como si fuera la verdad absoluta, la neta del planeta, la única y absoluta neta del planeta, dejando de lado milenios de historia de otras naciones, cientos de culturas, religiones, creencias...

Un libro que no puede faltar en tu colección herética...

viernes, 16 de abril de 2010

Carta abierta a los obispos católicos de todo el mundo


Estimados obispos,

Joseph Ratzinger, ahora Benedicto XVI, y yo fuimos entre 1962 1965 los dos teólogos más jóvenes del concilio. Ahora, ambos somos los más ancianos y los únicos que siguen plenamente en activo. Yo siempre he entendido también mi labor teológica como un servicio a la Iglesia. Por eso, preocupado por esta nuestra Iglesia, sumida en la crisis de confianza más profunda desde la Reforma, os dirijo una carta abierta en el quinto aniversario del acceso al pontificado de Benedicto XVI. No tengo otra posibilidad de llegar a vosotros.

Aprecié mucho que el papa Benedicto, al poco de su elección, me invitara a mí, su crítico, a una conversación de cuatro horas, que discurrió amistosamente. En aquel momento, eso me hizo concebir la esperanza de que Joseph Ratzinger, mi antiguo colega en la Universidad de Tubinga, encontrara a pesar de todo el camino hacia una mayor renovación de la Iglesia y el entendimiento ecuménico en el espíritu del Concilio Vaticano II.

Mis esperanzas, y las de tantos católicos y católicas comprometidos, desgraciadamente no se han cumplido, cosa que he hecho saber al papa Benedicto de diversas formas en nuestra correspondencia. Sin duda, ha cumplido concienzudamente sus cotidianas obligaciones papales y nos ha obsequiado con tres útiles encíclicas sobre la fe, la esperanza y el amor. Pero en lo tocante a los grandes desafíos de nuestro tiempo, su pontificado se presenta cada vez más como el de las oportunidades desperdiciadas, no como el de las ocasiones aprovechadas:

- Se ha desperdiciado la oportunidad de un entendimiento perdurable con los judíos: el Papa reintroduce la plegaria preconciliar en la que se pide por la iluminación de los judíos y readmite en la Iglesia a obispos cismáticos notoriamente antisemitas, impulsa la beatificación de Pío XII y sólo se toma en serio al judaísmo como raíz histórica del cristianismo, no como una comunidad de fe que perdura y que tiene un camino propio hacia la salvación. Los judíos de todo el mundo se han indignado con el predicador pontificio en la liturgia papal del Viernes Santo, en la que comparó las críticas al Papa con la persecución antisemita.

- Se ha desperdiciado la oportunidad de un diálogo en confianza con los musulmanes; es sintomático el discurso de Benedicto en Ratisbona, en el que, mal aconsejado, caricaturizó al islam como la religión de la violencia y la inhumanidad, atrayéndose así la duradera desconfianza de los musulmanes.

- Se ha desperdiciado la oportunidad de la reconciliación con los pueblos nativos colonizados de Latinoamérica: el Papa afirma con toda seriedad que estos "anhelaban" la religión de sus conquistadores europeos.

- Se ha desperdiciado la oportunidad de ayudar a los pueblos africanos en la lucha contra la superpoblación, aprobando los métodos anticonceptivos, y en la lucha contra el sida, admitiendo el uso de preservativos.

- Se ha desperdiciado la oportunidad de concluir la paz con las ciencias modernas: reconociendo inequívocamente la teoría de la evolución y aprobando de forma diferenciada nuevos ámbitos de investigación, como el de las células madre.

- Se ha desperdiciado la oportunidad de que también el Vaticano haga, finalmente, del espíritu del Concilio Vaticano II la brújula de la Iglesia católica, impulsando sus reformas.

Este último punto, estimados obispos, es especialmente grave. Una y otra vez, este Papa relativiza los textos conciliares y los interpreta de forma retrógrada contra el espíritu de los padres del concilio. Incluso se sitúa expresamente contra el concilio ecuménico, que según el derecho canónico representa la autoridad suprema de la Iglesia católica:

- Ha readmitido sin condiciones en la Iglesia a los obispos de la Hermandad Sacerdotal San Pío X, ordenados ilegalmente fuera de la Iglesia católica y que rechazan el concilio en aspectos centrales.

- Apoya con todos los medios la misa medieval tridentina y él mismo celebra ocasionalmente la eucaristía en latín y de espaldas a los fieles.

- No lleva a efecto el entendimiento con la Iglesia anglicana, firmado en documentos ecuménicos oficiales (ARCIC), sino que intenta atraer a la Iglesia católico-romana a sacerdotes anglicanos casados renunciando a aplicarles el voto de celibato.

- Ha reforzado los poderes eclesiales contrarios al concilio con el nombramiento de altos cargos anticonciliares (en la Secretaría de Estado y en la Congregación para la Liturgia, entre otros) y obispos reaccionarios en todo el mundo.

El Papa Benedicto XVI parece alejarse cada vez más de la gran mayoría del pueblo de la Iglesia, que de todas formas se ocupa cada vez menos de Roma y que, en el mejor de los casos, aún se identifica con su parroquia y sus obispos locales.

Sé que algunos de vosotros padecéis por el hecho de que el Papa se vea plenamente respaldado por la curia romana en su política anticonciliar. Esta intenta sofocar la crítica en el episcopado y en la Iglesia y desacreditar por todos los medios a los críticos. Con una renovada exhibición de pompa barroca y manifestaciones efectistas cara a los medios de comunicación, Roma trata de exhibir una Iglesia fuerte con un "representante de Cristo" absolutista, que reúne en su mano los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Sin embargo, la política de restauración de Benedicto ha fracasado. Todas sus apariciones públicas, viajes y documentos no son capaces de modificar en el sentido de la doctrina romana la postura de la mayoría de los católicos en cuestiones controvertidas, especialmente en materia de moral sexual. Ni siquiera los encuentros papales con la juventud, a los que asisten sobre todo agrupaciones conservadoras carismáticas, pueden frenar los abandonos de la Iglesia ni despertar más vocaciones sacerdotales.

Precisamente vosotros, como obispos, lo lamentaréis en lo más profundo: desde el concilio, decenas de miles de obispos han abandonado su vocación, sobre todo debido a la ley del celibato. La renovación sacerdotal, aunque también la de miembros de las órdenes, de hermanas y hermanos laicos, ha caído tanto cuantitativa como cualitativamente. La resignación y la frustración se extienden en el clero, precisamente entre los miembros más activos de la Iglesia. Muchos se sienten abandonados en sus necesidades y sufren por la Iglesia. Puede que ese sea el caso en muchas de vuestras diócesis: cada vez más iglesias, seminarios y parroquias vacíos. En algunos países, debido a la carencia de sacerdotes, se finge una reforma eclesial y las parroquias se refunden, a menudo en contra de su voluntad, constituyendo gigantescas "unidades pastorales" en las que los escasos sacerdotes están completamente desbordados.

Y ahora, a las muchas tendencias de crisis todavía se añaden escándalos que claman al cielo: sobre todo el abuso de miles de niños y jóvenes por clérigos -en Estados Unidos, Irlanda, Alemania y otros países- ligado todo ello a una crisis de liderazgo y confianza sin precedentes. No puede silenciarse que el sistema de ocultamiento puesto en vigor en todo el mundo ante los delitos sexuales de los clérigos fue dirigido por la Congregación para la Fe romana del cardenal Ratzinger (1981-2005), en la que ya bajo Juan Pablo II se recopilaron los casos bajo el más estricto secreto. Todavía el 18 de mayo de 2001, Ratzinger enviaba un escrito solemne sobre los delitos más graves (Epistula de delitos gravioribus) a todos los obispos. En ella, los casos de abusos se situaban bajo el secretum pontificium, cuya vulneración puede atraer severas penas canónicas. Con razón, pues, son muchos los que exigen al entonces prefecto y ahora Papa un mea culpa personal. Sin embargo, en Semana Santa ha perdido la ocasión de hacerlo. En vez de ello, el Domingo de Ramos movió al decano del colegio cardenalicio a levantar urbi et orbe testimonio de su inocencia.

Las consecuencias de todos estos escándalos para la reputación de la Iglesia católica son devastadoras. Esto es algo que también confirman ya dignatarios de alto rango. Innumerables curas y educadores de jóvenes sin tacha y sumamente comprometidos padecen bajo una sospecha general. Vosotros, estimados obispos, debéis plantearos la pregunta de cómo habrán de ser en el futuro las cosas en nuestra Iglesia y en vuestras diócesis. Sin embargo, no querría bosquejaros un programa de reforma; eso ya lo he hecho en repetidas ocasiones, antes y después del concilio. Sólo querría plantearos seis propuestas que, es mi convicción, serán respaldadas por millones de católicos que carecen de voz.

1. No callar: en vista de tantas y tan graves irregularidades, el silencio os hace cómplices. Allí donde consideréis que determinadas leyes, disposiciones y medidas son contraproducentes, deberíais, por el contrario, expresarlo con la mayor franqueza. ¡No enviéis a Roma declaraciones de sumisión, sino demandas de reforma!

2. Acometer reformas: en la Iglesia y en el episcopado son muchos los que se quejan de Roma, sin que ellos mismos hagan algo. Pero hoy, cuando en una diócesis o parroquia no se acude a misa, la labor pastoral es ineficaz, la apertura a las necesidades del mundo limitada, o la cooperación mínima, la culpa no puede descargarse sin más sobre Roma. Obispo, sacerdote o laico, todos y cada uno han de hacer algo para la renovación de la Iglesia en su ámbito vital, sea mayor o menor. Muchas grandes cosas en las parroquias y en la Iglesia entera se han puesto en marcha gracias a la iniciativa de individuos o de grupos pequeños. Como obispos, debéis apoyar y alentar tales iniciativas y atender, ahora mismo, las quejas justificadas de los fieles.

3. Actuar colegiadamente: tras un vivo debate y contra la sostenida oposición de la curia, el concilio decretó la colegialidad del Papa y los obispos en el sentido de los Hechos de los Apóstoles, donde Pedro tampoco actuaba sin el colegio apostólico. Sin embargo, en la época posconciliar los papas y la curia han ignorado esta decisión central del concilio. Desde que el papa Pablo VI, ya a los dos años del concilio, publicara una encíclica para la defensa de la discutida ley del celibato, volvió a ejercerse la doctrina y la política papal al antiguo estilo, no colegiado. Incluso hasta en la liturgia se presenta el Papa como autócrata, frente al que los obispos, de los que gusta rodearse, aparecen como comparsas sin voz ni voto. Por tanto, no deberíais, estimados obispos, actuar solo como individuos, sino en comunidad con los demás obispos, con los sacerdotes y con el pueblo de la Iglesia, hombres y mujeres.

4. La obediencia ilimitada sólo se debe a Dios: todos vosotros, en la solemne consagración episcopal, habéis prestado ante el Papa un voto de obediencia ilimitada. Pero sabéis igualmente que jamás se debe obediencia ilimitada a una autoridad humana, solo a Dios. Por tanto, vuestro voto no os impide decir la verdad sobre la actual crisis de la Iglesia, de vuestra diócesis y de vuestros países. ¡Siguiendo en todo el ejemplo del apóstol Pablo, que se enfrentó a Pedro y tuvo que "decirle en la cara que actuaba de forma condenable" (Gal 2, 11)! Una presión sobre las autoridades romanas en el espíritu de la hermandad cristiana puede ser legítima cuando estas no concuerden con el espíritu del Evangelio y su mensaje. La utilización del lenguaje vernáculo en la liturgia, la modificación de las disposiciones sobre los matrimonios mixtos, la afirmación de la tolerancia, la democracia, los derechos humanos, el entendimiento ecuménico y tantas otras cosas sólo se han alcanzado por la tenaz presión desde abajo.

5. Aspirar a soluciones regionales: es frecuente que el Vaticano haga oídos sordos a demandas justificadas del episcopado, de los sacerdotes y de los laicos. Con tanta mayor razón se debe aspirar a conseguir de forma inteligente soluciones regionales. Un problema especialmente espinoso, como sabéis, es la ley del celibato, proveniente de la Edad Media y que se está cuestionando con razón en todo el mundo precisamente en el contexto de los escándalos por abusos sexuales. Una modificación en contra de la voluntad de Roma parece prácticamente imposible. Sin embargo, esto no nos condena a la pasividad: un sacerdote que tras madura reflexión piense en casarse no tiene que renunciar automáticamente a su estado si el obispo y la comunidad le apoyan. Algunas conferencias episcopales podrían proceder con una solución regional, aunque sería mejor aspirar a una solución para la Iglesia en su conjunto. Por tanto:

6. Exigir un concilio: así como se requirió un concilio ecuménico para la realización de la reforma litúrgica, la libertad de religión, el ecumenismo y el diálogo interreligioso, lo mismo ocurre en cuanto a solucionar el problema de la reforma, que ha irrumpido ahora de forma dramática. El concilio reformista de Constanza en el siglo previo a la Reforma acordó la celebración de concilios cada cinco años, disposición que, sin embargo, burló la curia romana. Sin duda, esta hará ahora cuanto pueda para impedir un concilio del que debe temer una limitación de su poder. En todos vosotros está la responsabilidad de imponer un concilio o al menos un sínodo episcopal representativo.

La apelación que os dirijo en vista de esta Iglesia en crisis, estimados obispos, es que pongáis en la balanza la autoridad episcopal, revalorizada por el concilio. En esta situación de necesidad, los ojos del mundo están puestos en vosotros. Innúmeras personas han perdido la confianza en la Iglesia católica. Para recuperarla sólo valdrá abordar de forma franca y honrada los problemas y las reformas consecuentes. Os pido, con todo el respeto, que contribuyáis con lo que os corresponda, cuando sea posible en cooperación con el resto de los obispos; pero, si es necesario, también en solitario, con "valentía" apostólica (Hechos 4, 29-31). Dad a vuestros fieles signos de esperanza y aliento y a nuestra iglesia una perspectiva.

Os saluda, en la comunión de la fe cristiana, Hans Küng.

Traducción: Jesús Alborés Rey

Hans Küng es catedrático emérito de Teología Ecuménica en la Universidad de Tubinga (Alemania) y presidente de Global Ethic.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Libros Leídos XXXIV: La Iglesia y otros Cuentos


En este fabuloso libro Rius redobla su ataque frontal contra las telarañas vaticanas: nos da un brve, pero sustancioso, recorrido por la historia de esta nefasta institución, del cristianismo primitivo, pasando por la Reforma Protestante, las cochinadas que hicieron en México, el cómo es porqué tan asquerosamente millonaria la Iglesia de los Pobres, y como se predice su final.

Reliquias benditas, excomuniones a ultranza, mucho sexo, sangre y porquería... y lo que más me agrada del libro, que se ocupa de Juan Pablo I, asesinado para que subiera el II...

Van fragmentos del pensamiento de Albino Luciani, para que vean porque fue eliminado del santo seno católico:

  1. (A los presidentes del mundo) Defiendan los derechos y la dignidad del hombre, especialmente de los débiles y las minorías.
  2. Una paz justa sólo podrá alcanzarse con la resolución del problema palestino.
  3. Es preciso que la sociedad estudie y solucione el problema de los estudiantes... que no encuentran trabajo ni pueden casarse.
  4. Oprimir a los pobres, escatimar el justo salario al obrero, son pecados que claman venganza a los ojos de dios...
  5. La propiedad privada no constitute un derecho inalienable y absoluto de nadie. Los pueblos tienen hambre, interpelan a los pueblos de la opulencia... Ninguno tiene la prerrogativa de poder usare los bienes en forma exclusiva y para su propio beneficio. (El 27 de septiembre, siendo su último discurso).

Institución de nefasta, sangrienta y vulgar historia... ¿tendrá san Malaquías razón? ¿Muere este nazi de transición -Her Ratzinger- para dar pie a Petrus Romanus, una especie de Balder, que tiene que morir para desencadenar el Ragnarok? El tiempo nos dará la verdad...

domingo, 28 de septiembre de 2008

El asesinato de Albino Luciani



Cuando era pequeño, dos figuras llamaron mi atención de una gorda y ricamente empastada biblia que mi papá compró.

La primera, un anciano regordete de perfil y rojo: Juan XXIII.

El otro, una persona madura, de afable sonrisa con una gran cadena que terminaba en un cristo azul: el papa Juan Pablo, que fue el primero en tener dos nombres, honrando así a sus dos antecesores: Juanito XXIII & Paulo VI.

Albino Luciani tomó el poder del papado 20 días después del fallecimiento de Paulo VI: el 26 de agosto de 1978. Pero su reinado fue breve: "murió" el 28 de septiembre de 1978. Sólo 34 días había estado como papa. "Murió" a los 66 años de edad.

Y enfatizo las comillas pues en este caso la realidad superó a la ficción... el buen Albino Luciani había sido asesinado. Si bien es una práctica casi dogmática el asesinato de papas en la iglesia católica, con una larga lista de muertos y golpes de estado, es increíble que en pleno siglo XXI la receta de los Borgia tuviera tanta vigencia como cinco siglos atrás. Y la forma en que murió debió ser terrible.

En las fotos que se ven de aquel papa que se veía fuerte como un jovencito, se nota a leguas la putrefacción de su rostro. Un tono verdozo, azuloso, invade la santidad del patriarca de Venecia.

En JFK hay un diálogo en el que el general X le dice a Garrison que el quién es la pregunta para las masas, para los tabloides. Esto, ocultando la verdadera pregunta, la esencia del caso: ¿por qué? ¿Por qué se habría asesinado al papa?

Por cierto... el objetivo de esta entrada no es descubrir el hilo negro... es información vieja realmente... de los tiempos del mismo asesinato, incluso... el objetivo es recordar este vil asesinato, con información que si bien abunda para los que saben buscar, es inexistente para aquellos que se preocupan solo por vivir la vida en un halo de bendito autismo...

Brozo dice, en una de sus mejores enseñanzas, que SIEMPRE debemos seguir la ruta del dinero.

Los idealistas quisieramos conformarnos con lo que escudriña Rius en su genial La iglesia y otros cuentos... el papa era "bueno"... era una persona sin malicia. Y quería llevar a cabo una serie de reformas en la iglesia. Cargarla más a la izquierda, como era el rumbo que le iba a dar Juan XXIII con el Concilio Vatinano II.

Los discursos del papa demuestran que era una persona de tendencia izquierdoza y que llevaría a la iglesia de la mano lejos de su habitual papel de aliada del poder.

Y su rojez no empieza con el papado. En 1976 publicó "Ilustrisimos señores", donde trata los problemas de la época en forma de cartas. Entre lo sobresaliente tenemos los siguientes párrafos:


  1. El marxismo tiene el mérito de tener sus ojos abiertos sobre los sufrimientos de los obreros
  2. Los medios de comunicación son temibles cuando son manejados por gente sin moral. A través de ellos no se conoce la verdad, sino la versión de los propietarios.
  3. Es el capitalismo un sistema nefasto... se ven familias obreras obligadas a vivir con apenas lo necesario mientras que pocos se enriquecen fantásticamente sin sber ni cómo.

Ya en sus discursos como papa, tenemos las siguientes perlas:


  1. (A los presidentes del mundo) Defiendan los derechos y la dignidad del hombre, especialmente de los débiles y las minorías.
  2. Una paz justa sólo podrá alcanzarse con la resolución del problema palestino.
  3. Es preciso que la sociedad estudie y solucione el problema de los estudiantes... que no encuentran trabajo ni pueden casarse.
  4. Oprimir a los pobres, escatimar el justo salario al obrero, son pecados que claman venganza a los ojos de dios...
  5. La propiedad privada no constitute un derecho inalienable y absoluto de nadie. Los pueblos tienen hambre, interpelan a los pueblos de la opulencia... Ninguno tiene la prerrogativa de poder usare los bienes en forma exclusiva y para su propio beneficio. (El 27 de septiembre, siendo su último discurso).

Amén de esto, en su segunda audiencia compara a la fe con una viejita ciega que guía por la noche en el bosque a un extraviado.... el 13 de septiembre.

¿Así o más rojo?

"Por menos que eso murió Kennedy", ironiza el profe Rius con tanto discurso rijoso...

¿Pero fue realmente eso? ¿Que era rojo? ¿O cómo Kennedy... no sólo por ser rojo, sino porque tocaría a las grandes vacas sagradas desde la Segunda Guerra Mundial, y les quitaría sus cuantiosas fuentes de ingresos?

En Illuminati, Paul H. Koch nos trae esta conspiración de la mano del Banco Ambrosiano, y todos los millones y millones que evaporaron entre sus manos Paul Marzinkus, John Cody y el cardenal Villot, secretario de Estado del Vaticano.

Curiosamente el 28 discute con Villoy acerca de quitar a los tres mencionados de sus cargos, para impiar la mierda Vaticana, y tras una álgida discusión se separan. Albino Luciani pasa su última noche vivo. Es encontrado a la mañana siguiente. El Vaticano informa que murió de un infarto al agudo miocardio. Fue encontrado en la cama. Pero al día siguiente se desdijo, diciendo que fue una hemorragia cerebral, y que fue encontrado en un sillón.

Las esas llamadas dudas surgieron, pero el Vaticano impidió la autopsia, alegando que era falta de respeto. Y cuando el cuerpo fue exhibido se veía un severo estado de putrefacción que ni el maquillaje divido pudo ocultar.

¿Qué leía Albino Luciani la noche de su "muerte"? ¿La Imitación de Cristo, o la lista de 121 prelados masones que trece días después publicaría la revista italiana Op?

Y más curiosidades: Villot murió a los seis meses, de "neumonía bronquial", o "problemas renales", por "hepatitis" y hasta por "hemorragia interna".

Marzinkus fue hallado colgado en un puente de Londres. Cody murió en 1982, después de que "En los últimos doce meses, según informa la agencia France Presse, Cody había visitado en seis ocasiones distintos centros sanitarios, aquejado de complicaciones cardiacas y de crisis diabéticas".

Así es... Albino Luciani fue asesinado por sus púrpuras por lana... muuuuucha lana...

Y según estudios que giran en torno a Nostradamus, Luciani sabía que lo matarían. Y que uno de sus cercanos lo sucedería: el polaco Wojtyla...

C X, Q XII (12)

Esleu en Pape, d'esleu sera mocqué,
Subit soudain esmeu prompt et timide,:
Par trop bon doux à mourir provoqué,
Crainte estainte la nuict de sa mort guide

Elegido Papa, por elegido* será burlado,
De pronto (Sodano?) e inesperado es promovido y tímido.
Por demasiada bondad dulce a muerte provocado.
Atemorizado, extinguida la luz de su muerte que es guía

Y sin olvidar el título que le dan las profesías de san Malaquías, de Medietate Lunae...

Y tampoco olvidar la clara referencia al asesinato en El Padrino III...

Así pues las cosas, volvemos al inicio... 30 años, y todo como si nada. Lo sucedió un cardenal que tuvo que estar involucrado en su asesinato (el silencio es cómplice, en el más inocente de los casos); y un cardenal nazi. De las juventudes hitlerianas y toda la cosa. ¿Y quién le sigue? Petrus Romanus, el último papa... ojalá así sea, pues es la religión que más daño le ha hecho a la humanidad...